¿Cómo distinguir entre depresión y tristeza?

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No es lo mismo estar triste que estar bajo una depresión

Muchas situaciones en la vida acarrean sentimientos de tristeza más o menos permanente, más o menos intensa y más o menos frecuente. La tristeza es una emoción normal que ante diferentes tipos de pérdidas, ante determinados cambios para mal o incluso para bien, después de picos grandes de ansiedad o estrés prolongado y de acuerdo a nuestra forma de ser puede acompañarnos en mayor medida en algunos momentos de nuestra vida.

Sin embargo, si estos sentimientos se instalan en forma permanente, comienzan a modificar nuestros hábitos de alimentación y/o de sueño, si dejamos de disfrutar de lo que habitualmente nos gusta, si no tenemos ganas de nada y nos da lo mismo donde estemos, con quién y haciendo qué cosas, estamos planos emocionalmente, como apagados y antes no éramos así podemos estar entrando en una depresión.

depresión o tristeza, depresión encubierta

En nuestro centro te realizamos una valoración de tu estado anímico para determinar si esto te puede estar ocurriendo, que tan grave es y qué necesitas en tu proceso de recuperación de psicoterapia psicológica.

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    Síntomas y enfermedades psicosomáticas

    La vergüenza sentida en el propio cuerpo

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    Al hablar de expresión somática hemos de referirnos en primer lugar a las clásicas conversiones histéricas. El cuerpo del histérico sugiere Tizón (2018) es un teatro de operaciones y de dramatizaciones. Son muchas sus expresiones ya sean alteraciones sensoriales o motrices, anestesias, parestesias, sorderas, manifestaciones viscerales gastritis, neurológicas como las epilepsias, embarazos psicógenos, vómitos, anorexias, fibromialgias y las famosas cefaleas, trastornos respiratorios, las clásicas disneas.

    Hemos de tener en cuenta que el cuerpo en la personalidad con rasgos histéricos no es para ser cuidado y respetado. Como dirían MacKinnon y Michels (1971), es un instrumento para ser aprobado, admirado o bien protegido. De ahí el erotismo que se despliega, pero no un cuerpo para la intimidad y menos para el placer sexual.

    Macdougall (1987) piensa que la personalidad psicosomática (que definieron los franceses como hiperadaptación social, pensamiento operatorio o alexitímico, donde el sujeto no conecta con sus sentimientos, incluso incapacidad de soñar, además de estados depresivos y la dificultad para fantasear todos estos aspectos considerados como una discapacidad psíquica), es una defensa contra temores narcisistas o tipo psicóticos. Es la idea que Macdougall propugna como “histeria arcaica”. Esta autora se refiere a este tipo de histeria como angustias existenciales, es decir, está en riesgo la identidad o el propio narcisismo, es decir se pone en riesgo la persona entera. Me parece interesante esta visión de lo psicosomático. Aunque se hace difícil interpretar qué quiere decir Macdougall cuando expresa “una parte del cuerpo representa a otra persona con lo que queda a salvo la identidad de uno mismo”. Como si una parte representara por ejemplo a una figura materna o incluso como si una parte del cuerpo fuera propiedad de una figura materna, y el sujeto se dijera a sí mismo “esa parte no soy yo”.

    Desde otras corrientes donde se contempla lo psicosomático como parte de un proceso disociativo se entiende que hay que buscar la parte que somatiza. Además, se entiende que muchas partes somatizadoras son las que tienen los recuerdos más traumáticos o dolorosos. Por ejemplo, un caso de una mujer X que tiene una inmovilidad involuntaria del cuello, tanto es así que se ladea automáticamente cuando se le pregunta y ella misma tiene que colocarse el cuello, pero no le duele. Es como no mirar de frente. Su madre le pegaba con frecuencia en la infancia, una madre con rasgos sádicos. Cuando el cuello se tuerce, ella siente como una nube que se carga y le cae un líquido que le corre por la cara. Lo que corre por la cara, pero no corre porque no brota supongo son las lágrimas. Pero unas lágrimas que parecen correr por dentro pero no por fuera. Ella nunca dice lágrimas dice un líquido que corre por la cara. Como si fuera un drenaje dice.

    En este caso anterior, las emociones no estaban permitidas en su infancia. Es como el caso Tim, que describe Macdougall en el texto anterior. Tim no pudo llorar la muerte de su padre cuando era un niño porque su madre tampoco lo hizo. Estaba prohibido llorar. La frase que McDougal describe es “cuando el dolor no encuentra salida en las lágrimas son otros órganos los que lloran”.

    Tim no pudo llorar el duelo de su padre, su madre se lo prohibió cuando murió su padre. Tim se identificó con su propia madre, es decir un adulto frío y distante de sí mismo. Tim soñaba ser torturado por la Gestapo alemana y eso le procuraba placer. Es como el ideal del yo de su madre para poder así ser querido (ideal de ser fuerte y no sentir). Quizás Tim sintió la culpabilidad del infarto y muerte de su padre por su mal comportamiento y su rebeldía. Una rebeldía ante la asfixiante cárcel alexitímica que exigía su madre. Tim siempre tuvo la esperanza de ser rescatado de esa cárcel por una madre que nunca le salvó. Después la esperanza recayó sobre la otra, la sustituta, sobre su mujer a quien culpabilizaba inconscientemente por no contenerle, por no contenerle el placer compulsivo de fumar.

    Tim necesitaba fumar compulsivamente ante cualquier atisbo de culpa, dolor o angustia o bien ante pensamientos conflictivos cuya ira y culpa le aniquilaba. Hemos de entender que la adicción se generaliza y sirve para cubrir cualquier tipo de malestar o incluso bienestar. Tim fumaba dos paquetes de tabaco diarios. McDougal le señala “te esfuerzas por probar que a nadie le importas” “Le dices a tu mujer que no fume, pero haces por los demás lo que te niegas a hacer por ti mismo”. Tim padecía un desamparo alexitímico interior que le vaciaba.

    Tim sufrió un grave infarto. Tim decía que si su madre le hubiera permitido llorar la muerte de su padre y permitirme llorar con ella quizás aquel infarto no hubiera ocurrido.

    Vemos en ambos casos Tim y la señora X y en otros muchos casos, la ausencia de una imagen maternizante que pueda ocuparse de las excitaciones, dolores y sufrimientos que pueda contener estas angustias. El no poder ocuparse de uno mismo, de su vida interior. En estos momentos, cuando alguien es incapaz de tramitar el sufrimiento, aparecen soriasis, alcohol, dolores, contracciones, cefaleas, etc. que parecen ser el sustituto de ese maternaje. No hay un entorno que maternice y en su lugar dirá McDougal aparece el normópata o el falso self como dice winnicott, más regulado por normas y por un aparato psicosomático difícilmente penetrable.

    En los dos casos que he mencionado todo pasa dentro, sin conciencia de lo que ocurre. El corazón de Tim llora por dentro y la señora X llora también por dentro. Se desahoga por dentro. En ambos casos las emociones no estaban permitidas en la niñez. La señora X no responde con la palabra, sino que lo hace su cuerpo, su cuello al ladearse. Es decir, no puede mirar de frente. Cuando mira para dentro para comprobar cómo se siente simplemente su cuello se ladea. Quizás esa parte interna de la señora X tiene miedo y dobla la cabeza. Esta sería la parte conversiva. Son como las angustias que describe McDougal, angustias tipo histeria arcaica, angustias de existencia que sobrepasan al individuo, relacionados con fuertes sentimientos de vergüenza. Y como sabemos la vergüenza intensa está relacionada con la identidad, con el narcisismo y la sensación de que algo dentro de nosotros no está bien.

    Podemos pensar entonces cómo lo somatomorfo o las respuestas somáticas están relacionadas con aspectos del trauma. Por ejemplo, una mujer tenía la sensación de sentir una bola en la garganta y la imposibilidad de tragar o bien el bolo lo notaba en el estómago.

    Una parte que contenía el miedo vivido en momentos traumáticos y la explosión de sensaciones que ocurrieron en el momento del trauma. Son los recuerdos somáticos en el cuerpo. Ese bolo también contenía mucha rabia y a continuación venía el vómito psicógeno. Recuerdos donde aprendió a echar la rabia a través del vómito le dije.

    Otra de las manifestaciones psicosomáticas de nuestra época es la fibromialgia como un estado hiperalgésico que como causa más probable es una disfunción entre el cerebro y médula y cómo éstos procesan disfuncionalmente el dolor y el déficit en neurotransmisores como dopamina y serotonina.

    Ramos G. (2012) nos muestra cómo el dolor del cuerpo y la fibromialgia va sucumbiendo cuando la palabra entra en acción. Por ejemplo, una mujer cuyo marido es exitoso e hiperactivo, ella pretende complacerle, pero eso requiere mucha energía y ella queda derrotada por el cansancio. El cuerpo rechaza y hace huelga. Ella quiere mostrarse poderosa como un gran sunami, pero tiene un discurso medicalizado que combata sus dolores, ella es víctima y le saca su jugo. Pretende existir desde una imagen bondadosa y entregada, pero habla de una vida vacía de afectos y sintonías. No puede hablar de las perturbaciones de su padre y de su abandónica madre. Ella frustrada bailarina se defiende desde la coraza del cuidado y orientadora de otros.

    Otra paciente se refugia en el espíritu positivo e ideal de la vida. Ella no se ampara en el victimismo incluso cuando tendría motivos para hacerlo. Su madre una mujer fría e insensible que no la miraba y cuyo reclamo para conseguir un poco de afecto fueron algunas crisis histéricas en la infancia. Esta mujer aprendió que sólo se consigue un poquito de afecto cuando uno enferma, causa y expresión de muchos trastornos alimentarios.

    Otra mujer también con fibromialgia alega que siempre se sintió mal pero peor desde la muerte de su madre con la que siempre tuvo un vínculo difícil. Madre que no la trató bien y que invalidó constantemente. Para su madre su hermano era el preferido y a ella le dirigía una mirada insensible y dura. A cambio ella debía prestarle sumisión y obediencia. Vemos entonces cómo se va estructurando una infancia infeliz y una imagen deficiente de su valor y atractivo femenino, es decir, de su identidad global. Al morir su madre queda sumida en una fuerte depresión y aparecen síntomas físicos cefaleas, dolores abdominales, contracturas…una explosión o brote somático que lucha por quedarse y aparece la fibromialgia. Recordemos que el brote somático aparece como defensa ante el dolor mental.

    Esta mujer repite esquemas porque aquello que no puede ser tramitado vuelve como un asunto pendiente a actualizarse en el presente, como se suele contar en Gestalt, o como diría Freud aquello que no puede ser pensado vuelve a actuarse porque pugna por salir, pugna por resolverse. Pese a ser una mujer competente y responsable en su trabajo repite el patrón vincular y es maltratada por una jefa que vuelca sobre ella todo tipo de recriminaciones sintiéndose inútil e incompetente. Mientras que la paciente se esfuerza aún más por complacer a esta jefa (es característico de lo que el DSM-V trata como trastorno dependiente de la personalidad, ante el riesgo de abandono la persona es capaz de someterse aún más. Diferente al trastorno de personalidad histriónico o histérico que suele actuar dramatizando estos miedos y finalmente se deprime, y el trastorno límite que se enfurece o se auto agrede).

    Vemos entonces cómo la paciente ante estas agresiones responde intensificando aún más los brotes clásicos de fibromialgia. Es decir, la dificultad para tramitar la rabia ante la imposibilidad de complacer a su jeja como antes lo había sentido con su madre. Con la esperanza de ser acogida en algún momento. Continuas bajas laborales llenas de rabia, vergüenza que descarga sobre su cuerpo y si se me permite, de venganza inconsciente ante su jefa que no desea en realidad. No obstante, hay una dificultad para asociar la rabia, el sufrimiento laboral y el sufrimiento somático porque nada se piensa y todo se descarga en el cuerpo.

    Otra paciente que había sufrido maltrato en su infancia, después lo sufrió por su pareja en la adultez, combina diferentes enfermedades psicosomáticas. Ella señala que es una persona independiente. Le señalo que su dependencia consiste en hacer dependientes a los demás. Al preguntar por qué mantuvo una relación con alguien que no la trataba con cuidado, señala que fue el miedo y a continuación señala una motivación más profunda “creí que nadie me iba a querer” como así se lo había señalado su cuidador y su propio agresor. Aquí podemos introducir la vergüenza, como si algo defectuoso habitara en el interior. Y por tanto la vergüenza del propio cuerpo en los trastornos psicosomáticos.

    Una de las escuelas que estudiaron el fenómeno psicosomático es la escuela de París. Reflejaban una de las características de estas personalidades como es la hiperadaptación social. McDougal hablaba de normópatas. Son personas muy responsables, hiperadaptadas al entorno que muchas veces tratan de cuidar a los demás, de refugiarse detrás de estas supercorazas, pero con mucho miedo a la intimidad, desafectivizados y con fuertes sentimientos de vergüenza y de rechazo al propio cuerpo.

    Recordemos el caso de Tim o la señora X que se avergüenzan de sus propias lágrimas porque no fueron autorizados a expresar su tristeza. El entorno rechazó la expresión del dolor o bien la vergüenza, en otro caso, expresada en esta frase, “creí que nadie me iba a querer”. El denominador común en la mayor parte de los casos, como vemos, es la ausencia interna de una madre suficientemente buena y contenedora que pueda tramitar las angustias y los afectos.

    Durante el desarrollo recibimos sobre nuestro cuerpo todo tipo de miradas y de expresiones que quedan constituidos en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Aquellas etiquetas que más afectan son las que proceden de nuestros primeros cuidadores. Entonces la vergüenza se transforma en un sentimiento central en nuestra identidad porque se trata de la idea que tengo de mí mismo y de la idea que creo tienen los demás sobre mí.

    Si la vergüenza es muy intensa posiblemente pensaré que los demás me van a rechazar y entonces tendré miedo a que me avergüencen. Si la vergüenza es sobre mi cuerpo lo ocultaré, será mi enemigo y desconectaré mis emociones, posiblemente descargaré sobre él todas mis angustias como si fuera un vertedero. Cualquier mensaje que me mande el cuerpo será sistemática y suspicazmente tratado como un enemigo. Trataremos al cuerpo como defectuoso e intensificaremos la vergüenza y las expectativas negativas que los demás tienen de nosotras.

    Sabemos que el antídoto contra la culpa es el perdón, como sabemos que contra la vergüenza es la aceptación. Si me avergüenzo nunca mostraré lo más real de mí mismo. El miedo a la vergüenza o la vergüenza a sentir miedo o la rabia que me da sentir vergüenza o la vergüenza que me provoca la rabia (vemos cómo unas emociones están relacionadas con otras) se va transformando en la relación con los cuidadores. Si los cuidadores avergüenzan o lanzan mensajes descalificadores la tensión aumenta y la sensación de seguridad interna se diluye. Nos generan déficits y estos déficits van a intensificar los sentimientos vergonzosos. Sobre nosotros y nuestros cuerpos.

    De esto se trata la relación terapéutica. Poder expresar lo que antes solo se expresaba con el cuerpo. Pero para poder estar ahí y transformar, es necesario pasar por emociones como la vergüenza. Pasar con respeto por aquellos momentos que no se pudieron pensar ni tramitar ni contener. Aquello que pasó directamente al cuerpo en el pasado, sin conciencia del dolor mental, se hace presente en el aquí y ahora. Alguien puede pensar en sensaciones corporales que le van a matar como un cáncer, pero no puede decir “eso me pasó a mí, yo viví situaciones y sensaciones donde sentí una vergüenza enorme y tanto miedo que pensé me iba a morir de soledad”.

    En la relación terapéutica se pueden transformar los afectos. Pero los afectos sólo podrán ser expresados y tolerados si poco a poco vamos anticipando la aceptación de aquel que nos escucha. Esto es, que al expresarlos no vamos a ser abandonados, avergonzados, criticados o rechazados. El miedo y la vergüenza que están en la base de muchos trastornos ya sean alimentarios, somáticos, dependencias, etc. Pueden tramitarse desde la conexión emocional para convertir progresivamente la tensión corporal en mayor relajación vital y aquello que consideramos déficits o defectos personales puede ir convirtiéndose en aceptación.

    Es decir, aquello que se consideraba un defecto vergonzoso, puede cambiar y transformar nuestros afectos, convertirse en parte de nuestra singularidad como seres humanos, cambiar nuestra manera de mirarnos para sentirnos más compasivos y cuidadosos con nosotros mismos y cambiar la imagen que creí, tenían los demás sobre mí.

    • (2012). Fibromialgia: de la identidad en la nosografía a la rementalización del sufrimiento. Una experiencia de cinco años de trabajo grupal desde una perspectiva intersubjetiva. Aperturas Psicoanalíticas 42. (Revista por Internet: http://www.aperturas.org).
    • McDougall, J. (1987, 1991). Teatros del cuerpo. Madrid: J. Yébenes. Capítulos: Introducción y Cap. 1, Capítulos 8 y 9 [Caso Tim].
    • Mackinon,R.A. y Michels,R. (1971). psiquiatría clínica aplicada. México: Interamericana.
    • Velasco, R. (2010). Dismorfofobia o vergüenza del cuerpo. Clínica e Investigación Relacional, 4 (1): 208-220.
    • Tizón, J.L. (2018). Apuntes para una psicopatología basada en relación. Barcelona: Herder.

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      Resistir las crisis como antídoto ante el desaliento

      Resistir: nuestra fortaleza en tiempos difíciles

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      En estos tiempos que nos toca vivir, inmersos en diferentes tipos de crisis, a veces de salud, a veces económicas y sin duda personales y sociales nos toca reinventarnos y aprovechar al máximo todas las oportunidades que tenemos de ponernos nuevamente en pie y seguir hacia adelante.
      Con nuevos bríos y nuevos proyectos necesitamos recuperarnos y disminuir el desaliento que ciertas épocas, más difíciles en nuestras vidas, suelen instalar a veces en nosotros.

      Valorar lo que tenemos y agradecer, suelen ser potentes antídotos para atravesar con éxito las crisis de todo tipo.

      A veces estos sentimientos se vuelven difíciles de encontrar en nuestro día a día cotidiano, pero es entonces cuando el dejarnos acompañar por los demás, ayuda a sobrellevar los desafíos que tengamos por delante, aumentando nuestra resistencia ante las dificultades.

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        El control de la ira

        Problemas para controlar la ira

        La ira en sus múltiples variantes es una emoción que nos suele traer de cabeza. Cómo aprender a controlar la ira? Cómo transformar nuestra ira en asertividad? Cómo sabemos cuándo estamos siendo presas de un descontrol de nuestras respuestas de ira? No controlar la ira es ejercer violencia sobre los demás?

        Muchas veces nos sentimos a la defensiva o los demás nos dicen que estamos a la defensiva, que con nosotros no se puede hablar, que vamos como atajándonos de lo que nos dicen, que huimos de afrontar lo que nos corresponde o atacamos a los demás de forma desproporcionada, injusta y con reacciones de ira que luego dañan nuestras relaciones si no se pueden remontar o reparar.

        La historia de las defensas psicológicas y lo que tenemos que hacer con ellas es similar a lo que le ocurrió a aquel soldado del Ejército Imperial Japonés, que defendió posiciones de combate en una Isla de Filipinas y que estuvo luchando durante 30 años después de acabada la guerra, porque no se enteró que la guerra había terminado.

        En la jungla, se enfrentaba día a día con cientos de peligros, sobrevivía y se mantenía fiel en su posición de defensa y servicio a su patria.

        Cuando sus compañeros lo encontraron, lo reconocieron, lo trataron con mucho tacto y amabilidad, y tardaron un buen tiempo en convencerle de que todo había acabado.

        Cuando regresó a su país, lo recibieron con todos los honores, le agradecieron con numerosos actos y homenajes todo lo que había hecho en esos 30 años, lo premiaron por haber estado trabajando tanto en la defensa de su pueblo y de sus ciudadanos y finalmente le ayudaron a instalarse en una granja y a cambiar de ocupación.

        Se retiró entonces allí adonde se dedicó a entrenar a jóvenes en la supervivencia en zonas selváticas.

        Falta de control de la ira

        Las distintas defensas psicológicas que tenemos, nos defendieron durante los períodos más indefensos de nuestra vida y aún en el presente continúan luchando como si aquello no hubiera acabado y aún estuviéramos en peligro. El trabajo con ellas es reconocerlas, recuperarlas, agradecerles todo lo que han hecho por nosotros y buscar para ellas una nueva función integradas al resto de nuestra personalidad.

        Nuestras defensas nos han permitido sobrevivir, pero se han quedado ancladas al pasado, como el soldado japonés. Hay que actualizarlas, contarles que ese tiempo tan difícil ya pasó y que crecimos, que ahora somos adultos y contamos con muchos más recursos que en aquel entonces, que hemos conseguido avanzar y hacer nuestro camino a nuestra manera y que ya pueden descansar porque juntos podemos trabajar para que encuentren una nueva función en nuestra vida, de modo más apoyador y más adaptativo para nuestro desarrollo y crecimiento.

        La terapia psicológica es un espacio privilegiado para ello, adonde nuestro terapeuta nos acompañará a descubrir estos aspectos tan profundos en nosotros para de a poco irnos recuperando, descubrir que la guerra terminó, que estamos vivos y que podemos protegernos de modos más flexibles y adecuados, que no se repitan cada vez que nos sentimos asustados, acorralados o superados por lo que nos toca vivir.

        En la terapia psicológica, honramos a las defensas, como la reacción de ira, entre otras, que nos han permitido sobrevivir y reconociendo su gran labor y su valor, les invitamos a desarrollar otras funciones en nuestra forma de ser.

        Desarrollar la resiliencia

        Resiliencia: valorar lo que tenemos como antídoto ante el desaliento

        Nadie es ajeno a que ahora más que nunca es necesario poner en marcha todos nuestros recursos para desarrollar resiliencia, la capacidad de resistir y sobrevivir a condiciones adversas. ¿Cómo podemos entonces fortalecernos? ¿Cómo ajustar nuestras respuestas de forma resiliente? Y cómo puede la psicoterapia ayudarnos en este proceso.

        En épocas en que necesitamos mucho descanso para recuperar fuerzas, recuperarnos de preocupaciones de salud, familiares, laborales o personales, solemos plantearnos la necesidad de “desconectar”, como una especie de “olvido” de lo cotidiano y rutinario de esas preocupaciones, en cuanto a espacios, personas o actividades, como la forma óptima de recuperarnos. Es lo que nos impulsa a salir de casa, a viajar, juntarnos a celebrar con los amigos y con la familia.

        Ahora que tenemos nuevas condiciones en nuestra vida, que requieren que momentáneamente cambiemos algunos de nuestros hábitos, nos encontramos más solos. Es necesario entonces buscar nuevas formas cuando a veces no podemos movernos de nuestra casa o reunirnos con los demás como lo hacíamos siempre. Es muy importante ir encontrando nuevas fórmulas que nos permitan “resetearnos” de maneras diferentes en las nuevas condiciones que habitamos, aumentando nuestra resiliencia.

        Muchas veces, para disfrutar de nuestro tiempo libre, tenemos que apartarnos de lo cotidiano o crear un reducto especial, donde lo diferente nos permita desconectar del trabajo y las tareas que tenemos.

        Nuestro principal reto en estos tiempos puede ser conseguir estar más presentes, más conectados en cada momento que vivimos con las características que este tenga, aceptando así sus efectos y reconociendo que podemos aprender a estar mejor preparados para surfear los momentos más difíciles que a veces nos toca atravesar.

        La primera condición es darnos cuenta entonces que la vida implica todos sus matices emocionales y todos sus estados de ánimo, de las distintas circunstancias que atravesamos. Percatarnos de que las dificultades de nuestra existencia y las limitaciones que conlleva, puede poner en marcha en cada uno, actitudes nuevas que exploren nuevas formas de descansar, disfrutar, compartir y nutrirnos, es algo que resulta irremplazable en cualquier condición.

        Ahora que movernos, juntarnos y viajar está menos disponible, podemos echar mano a la creatividad para hacer aquello que más nos gusta, ahora que contamos con todo el tiempo necesario para desarrollarlo. A veces toca parar y cuidar a otros, a veces dejarnos cuidar, a veces despedirnos y dolernos por los que ya no están. En la vida, existen momentos difíciles donde el desaliento se nos instala a vivir muy cerca. Tenemos entonces la oportunidad de abrazar ese sentimiento de desesperanza y dejar que nos enseñe cómo seguir para adelante, un aprendizaje necesario para la vida. Para todo esto, iniciar un proceso psicoterapéutico puede ayudarnos a andar estos senderos acompañados.

        Resiliencia: nuestra fortaleza en tiempos adversos

        Y entre tanto la vida transcurre, podemos detenernos por ejemplo a observar aquello que hemos pasado por alto porque íbamos con tanta prisa y preocupación de un lado a otro y descubrir lo mágico que puede resultar por ejemplo, el poder mirar al atardecer el cielo con su luna, poder dejarnos sorprender con el exquisito olor a un café recién hecho o con sabor inigualable del pan crujiente recién cortado. Valorar que estamos sanos, que estamos vivos, que podemos andar, ver, escuchar, en momentos de desaliento puede ser la conexión que nos ayude a remontar y a seguir.

        Tenemos la oportunidad, la gran oportunidad de revalorizar lo que hemos dado tantas veces por sentado, sintiendo a veces agradecimiento, cuanto la tempestad afloja, cuando los grandes nubarrones parecen dar lugar al sol, cuando desde la oscuridad comienzan a perfilarse nuevas siluetas al amparo de una nueva luz.

        Valorando lo que tenemos, nos tocan tiempos de estar donde nunca nos habíamos imaginado, de sacar una fuerza interior que no sabíamos que teníamos, de dejarnos acompañar, de aprender, insistir, crear, intentar, fracasar, empezar de nuevo, reconstruir y compartir, una y otra vez hasta que atravesemos juntos una vez más una nueva adversidad. Que el desaliento no nos impida valorar aquello que somos, hacemos y tenemos.

        Problemas con la alimentación y cómo superarlos

        Los psicólogos atendemos frecuentemente a personas que tienen diversos problemas con la alimentación, problemas que van más allá de la comida en si, y ayudamos a salvar estas trabas con una atención personalizada para cada paciente. Existen muchos problemas diferentes en la conducta alimentaria, a veces son trastornos de la alimentación, y es importante identificar las dificultades específicas, recibir ayuda de un profesional especializado y conseguir los cambios que necesitamos para nuestro bienestar. Cuando miramos adentro, buscando el sentido del comer de más o comer de menos, podremos encontrar un equilibrio saludable en nuestra forma de relacionarnos con la comida, con los demás y con nosotros mismos.

        Los psicoterapeutas ayudan a poner conciencia sobre nuestra relación con la comida, para poder superar los viejos automatismos y costumbres alimenticias. Sabemos que cuando hay asuntos pendientes sin resolver, nuestra energía se atasca, provocando alteraciones en nuestro organismo, bloqueos y desequilibrio. Y es en terapia cuando podemos escuchar nuestras sensaciones, rescatando señales internas que teníamos olvidadas y recuperar conciencia corporal. Es necesario dedicarnos tiempo, respirar y conectar con las necesidades y lo que realmente queremos. En las sesiones psicoterapéuticas también exploramos nuestros patrones, ideas, creencias y valores, discerniendo cuáles nos sirven para cuidarnos y cuáles no, aprendiendo a nutrirnos desde la autorregulación y no desde el control.

        La alimentación es clave para nuestro equilibrio y conlleva mucho más que ingerir comida. En Psicología entendemos que nuestra manera de comer es una expresión más de nuestras actitudes, cómo nos sentimos con nosotros mismos, interactuamos con el entorno y gestionamos nuestros afectos. Encontramos paralelismos interesantes entre la manera de alimentarnos, nuestra forma de vivir y regular las emociones. Nos damos cuenta que una alimentación consciente puede tener beneficios significantes para nuestra salud.

        Resulta interesante observar cómo preparamos los alimentos y nuestro modo de comer y digerir. ¿Estamos atentos al momento, saboreando, respirando, sintiendo el placer y la satisfacción? ¿Estamos presentes en la experiencia, poniendo todos nuestros sentidos en disfrutar del sabor de cada bocado, aspirando sus aromas, observando los colores y las texturas, incluso prestando atención a los sonidos al comer y beber? O al contrario, ¿nuestro ritmo nos lleva a zampar con prisas, devorando lo primero que tenemos a mano, apenas registrando lo que nos metemos en la boca? Quizá sintamos un vacío que no acaba de llenarse con nada y este tragar rápido, sin masticar, tiene que ver con nuestros hábitos y modos de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y nuestras necesidades. Y descubrimos que no siempre es hambre de comida… sino de otra cosa.

        Las peleas con la comida y el peso, quizá sean síntomas de problemas más profundos. Bajo muchas formas de comer hay un componente emocional importante. O engullimos compulsivamente como una forma de tapar el vacío emocional, en un intento de satisfacer nuestras necesidades afectivas, o controlamos la comida que ingerimos de forma obsesiva, algo que sí dominamos, y no queremos ver el problema central. Muchas veces recurrimos a la comida como una anestesia o la utilizamos para paliar la soledad. Frecuentemente nos cuesta diferenciar si lo que sentimos es hambre fisiológica o son otras emociones expresándose en nuestro organismo. Sentimos ansiedad, estrés o aburrimiento. Nos sentimos vulnerables y tenemos miedo a la intimidad o al dolor, y comemos. Sentimos hambre psicológica, y comemos, no para nutrir el cuerpo, sino para calmarnos, animarnos o distraernos en un intento de regular las emociones que nos resultan desagradables. Es un comer emocional y muchas veces no tenemos conciencia de este funcionamiento tipo piloto automático. Quizá nos falta comprensión o reconocimiento, y tratamos de sustituir al amor con los dulces, pero tenemos sentimientos de culpa cuando comemos de más y nos castigamos poniéndonos a dieta.

        Muchas veces nos falta confianza, y la atención a las señales internas de hambre, plenitud y satisfacción se deja de lado. La industria y la publicidad se aprovechan de nuestros sentimientos de inseguridad y culpabilidad. Escuchamos fuera lo que hay que comer y en qué momento, cayendo en las modas con respecto a las distintas teorías sobre cuántas veces al día debemos comer, o en la trampa de las dietas milagro, tragando lo de fuera y perdiendo nuestra conexión con nosotros mismos. Si sólo escuchamos la información externa, nos confundimos y desconectamos del cuerpo y sus necesidades específicas para nuestro buen funcionamiento.

        Necesitamos desarrollar una actitud de apertura a la experiencia, curiosidad y observar nuestras respuestas a los diferentes alimentos. De esta manera conectaremos con nuestro cuerpo y aprenderemos a leer las señales que nos envía. Lograremos escoger qué comemos y cuánto en base a indicadores internos, escuchando lo que nos pide el cuerpo en función de las circunstancias específicas del momento como el clima, la estación del año, y nuestras características individuales como la edad, el metabolismo y la actividad física. Decidiremos qué queremos comer, y en qué cantidad, preparando y deleitándonos con platos nutritivos y ricos que nos ayudan a sentirnos satisfechos. Rescatando nuestros sentidos y comiendo con todos ellos cuando tenemos hambre, y dejando de comer cuando ya estamos llenos.

        Es más fácil cuidarnos, cuando nuestro mundo está en orden. En el espacio terapéutico miramos la tristeza, soltamos el enfado y afrontamos nuestros miedos. La atención psicológica nos ayuda a desarrollar una sana autoestima para valorarnos tal y como somos, y este trabajo también se reflejará en nuestras elecciones de alimento y la atención que ponemos a lo que rodea el acto de comer. Cuando nos encontramos bien, fluimos a la hora de elegir lo que nuestro organismo necesita y resulta natural prescindir de lo que nos sienta mal. Nos resultará más fácil llevar una dieta equilibrada y saludable que aporte los nutrientes que nuestro organismo necesita, animándonos a experimentar en la cocina, probando recetas nuevas y eligiendo menos productos ultraprocesados, y más alimentos frescos de la tierra y preparados en casa.

        Hay otros modos de regular nuestras emociones para que la comida no sea la única manera de gestionar el estrés. Para vivir mejor, el autoconocimiento, también mediante la exploración de nuestros hábitos de alimentación, es un buen recurso para favorecer la salud mental y emocional. Es un camino más amable y compasivo en el que aprendemos a responsabilizarnos de nuestra salud y conectar con nuestra intuición. Conllevará una nueva relación con nosotros mismos y tendremos más energía. Nuestro cuerpo es sabio y conoce lo que necesita, sólo es cuestión de escucharlo y respetarlo, en todas sus necesidades, nutricionales y emocionales.

        El tránsito de las emociones

        “Muchas veces, ante una dolencia se pone en marcha un mecanismo de compensación que hace que el individuo responda creativamente”.           

                                                                                                                                                      Oliver Sacks

        Bajo las dolencias que manifiesta nuestro cuerpo, están aquellas emociones que aprendimos a reprimir, maquillar, o enmascarar, dejando encarcelado el alma que habita en nuestro ser. Fuimos perdiendo la capacidad para expresar nuestras emociones, dejando así de lado al verdadero  sentir, con todo lo que ello implica.

        Cada uno llegó a anestesiar este sentir verdadero como pudo, dejando paso al conformismo, la indefensión, y/o al  impulso de “tirar para adelante”, con cada una de las consecuencias según el camino elegido.

        Vivimos en una sociedad donde la discapacidad emocional pisa fuerte, pero ir así nos está pasando factura, pues quedamos atrapados, haciendo  síntomas, y cuanto más inconsciencia, es posible más enfermedad física y/o mental.

        La energía emocional reprimida quiere abrir vías de expansión, y busca la expresión  como el agua de un río, que quiere llegar al mar. Busca su expresión a través de la motricidad, la expresión de la palabra, la manifestación del sentir, o a través de la sublimación, o la enfermedad como recursos creativos. Si la energía emocional no ha sido expresada, el síntoma queda preso o preso, en el lugar de la emoción callada.

        Afortunadamente entre nosotros también ha surgido una búsqueda para aprender a dar salida a esa energía que se queda sofocada. Ese malestar que en sus diferentes manifestaciones se hace figura,  es la alarma, y el centinela, hacia el despertar de la consciencia y la salud. La terapia individual, los talleres grupales, los talleres corporales, el mindfulness,  u otras actividades, son un fiel reflejo de la búsqueda del contacto con la esencia.

        Nuestro cuerpo, siempre presto, se alía con los síntomas para enseñarnos el viaje hacia la salud. Cuando el cuerpo nos lleva la cuenta, la energía emocional retenida por circunstancias de la vida, puede convertirse en una energía donde se convierte de pronto en atemporal por instantes,  donde emociones  del pasado, se hacen presentes, entrometiéndose en nuestros futuros. El dolor, el malestar, con diferente sintomatología en variadas cartas de presentación señalan lo que tenemos que enfrentar, cambiar,  saldar. Como dice Eduardo Horacio Grecco, “son los anhelos que no percibimos como  representaciones conscientes”. Aprendimos a hacer lo que pudimos, “allí” en el contexto donde crecimos. Aprendimos a amar, odiar, tener miedo, o a sublimar dentro de una relación en un contexto y luego reprodujimos todo lo que allí aprendimos en nuestros encuentros “aquí” con los que nos rodean, y de repente lo que no estuvo bien en aquel entonces, emerge en los que no pudieron dar salida al daño.

        Lo que no expresamos, liberamos, drenamos, vive en nosotros  en la luz, y también en nuestra sombra, y esa emoción no liberada, tiene su razón de existir. Es el resultado de una energía que transita por un camino equivocado.

        Además, las emociones siempre vienen acompañadas de sus pares en oposición, por ejemplo la Alegría- Tristeza, el Amor- Odio…etc… Son polaridades complementarias. Todos, todas, transitamos por ellas, con diversas posibilidades de afrontamiento.

        ¿Cómo hacemos con  las emociones? A veces una de ellas está en la sombra, otras veces se disfraza, otras veces, parece que no existe, otras está a la par en la consciencia, otras se disocia… Siempre existe la polaridad, cómo hacemos con ellas es algo interesante a observar.

        Como ya hemos dicho aquí en varias ocasiones, cuando bloqueamos los caminos de la energía emocional, emerge el síntoma, como una manera creativa de expresión del proceso de canalización de esa emoción… Son sus equivalentes, pero convertidos en somáticos. La medicina psicosomática bien ha estudiado todo esto en sus cuadros de enfermedades, donde es el cuerpo el que grita al no poder expresar desde el psiquismo,  a través de sus distintas maneras de externalización.

        Puede ser una tarea costosa esto de externalizar las emociones “sofocadas”, porque es a veces tener que luchar contra lo que nos han inculcado desde pequeñas, desde la cultura, las familias, etc… Han sido muchos los momentos de contención afectiva, que se han tornado en nuestra manera de lidiar con la vida.

        Más que suprimir las emociones, si nos generan malestar a través de distintas afecciones, deberíamos escucharlas con todo su significado, pues son nuestras grandes aliadas. Acercarnos a ellas, tantearlas, mirarlas, hacernos cargo de ellas es una manera de corregir pasados, presentes y futuros. Es la inversión de nuestro futuro, a través del aprendizaje, la compensación y regulación de ellas, que nos permiten reordenar, y centrar para invertir en nuestro mañana.

        Begoña Mariezkurrena

        Licenciada en Psicología. Especialidad en Psicología Social y de las Organizaciones por la Universidad del País Vasco. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada n.º M-19839
        Psicoterapeuta Gestalt, miembro del equipo del Instituto de Psicoterapia Gestalt y de la AETG.

        Entrevista a Ángeles Martín

        Os compartimos una entrevista que realizaron desde la revista Serendepity, a Ángeles Martín, fundadora y directora del Instituto de Psicoterapia Gestalt y de la Escuela de Psicoterapia Gestalt. Ángeles reflexiona, sobre la salud, la enfermedad, la Gestalt y la sociedad en que vivimos.

        Angeles Martin

        P: El sistema en el que vivimos ¿Necesita de personas insatisfechas, infelices, neuróticas? El sistema de vida en sí, ¿Es generador de neurosis?

        R: Ya Keren Horney escribió hace más de 50 años ” La sociedad neurótica de nuestro tiempo”, así que el sistema crea neurosis, hace ya tiempo que lo viene haciendo, probablemente en paralelo con el desarrollo industrial y la aparición de la sociedad del bienestar y del consumo”.

        Yo no creo que sea el sistema o la sociedad quien crea la enfermedad en sí, dado que se recogen y describen en los manuales de psiquiatría conceptos cercanos a lo que hoy llamaríamos neurosis (aunque este término esté cada vez más en desuso) desde hace varios decenios. Lo que si ha traído la sociedad del bienestar es ocuparse de este tipo de “enfermedades” de un modo más general. Es bien cierto que en la actualidad cuando en el primer mundo la mayoría de las personas tiene acceso a la educación y cubiertas sus necesidades básicas se hacen visibles otros malestares por el propio desarrollo de los individuos en esta especie de interés general por sentirse siempre bien, por tenerlo todo, porque cada vez vamos conformando personas con más baja tolerancia a la frustración, personas a las que se les hace más difícil la comunicación con otros seres humanos por los avances tecnológicos y el uso de los mismos. Visto así, sí podríamos decir que la sociedad crea la neurosis, aunque eso no ayuda mucho a responsabilizar a la persona de su malestar y es justamente en eso en lo que la Psicoterapia Gestalt pone el acento. No se trata de buscar culpables sino de encontrar respuestas desde la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en la construcción de su propia vida.

        Creo que, tanto la infelicidad como la insatisfacción, siempre han existido y que forman parte de la   condición humana. La cuestión, para nosotros los gestaltistas, es como encarar la vida para que una y otra no sean compañeras constantes en nuestro camino. La vida en si misma es generadora de neurosis, porque vivir es estar constantemente en contacto con los límites, con las necesidades y las carencias o dicho de otro modo, con la omnipotencia y la impotencia. La persona tiende a la homeostasis y está en una permanente búsqueda de equilibrio, tratando de cubrir sus necesidades para equilibrarse. En la medida que lo consigue, podríamos aseverar que la persona es más feliz y que lo será tanto más en la medida en que cuente con una buena red de apoyo afectivo y adecue sus deseos a sus posibilidades en la búsqueda de su auto-realización.

        P: ¿Cómo definirías  una persona neurótica? ¿Cuáles son los límites entre una insatisfacción sana y la tendencia neurótica?

        R: Desde la terapia gestalt, una persona neurótica es aquella que no puede discriminar entre sus necesidades y las necesidades de los otros, que no reconoce los límites de contacto entre ella y el mundo, y que los intercambios que realiza con el ambiente le dejan insatisfecho. En palabras de F. Perls “el neurótico es aquél que no ve lo obvio”.

        El neurótico no puede ver claramente sus necesidades y, por lo tanto, no las puede satisfacer adecuadamente, así pues, no es alguien que tuvo un problema o un trauma, sino alguien que tiene un problema en el aquí y ahora y aunque sus dificultades tengan que ver con el pasado si logra llegar a darse cuenta en el presente y responsabilizarse de sus pensamientos, emociones y acciones, podrá ir haciéndose cargo de la satisfacción sus necesidades. Cada necesidad cubierta o cada problema resuelto contribuyen a que aumente el autoapoyo y por tanto presentará mejores respuestas creativas y contará con más recursos para afrontar las dificultades de su vida. La vida es un aprendizaje continuo. Y cada respuesta nueva y creativa a situaciones  repetidas y frustrantes  tiende a resolver problemas enquistados.

        P: ¿Cómo se somatiza la neurosis? ¿Cómo se manifiesta en la salud? ¿En la colocación postural del cuerpo?

        R: En primer lugar, no siempre se somatiza la neurosis. Es cierto que somos un cuerpo, de manera que en él se van reflejando todas y cada una de nuestras experiencias, tanto en lo que a sensaciones, emociones  se refiere como a sentimientos.

        Uno de los signos más comunes y extendidos de que algo no va bien es la ansiedad.  En lo que a enfermedades psicosomáticas se refiere quizá las más extendidas sean las patologías del sistema digestivo con la úlcera a la cabeza; pero también pueden considerarse las colitis ulcerosas, el colon irritable, etc. (Si bien es cierto que no todas las enfermedades son de origen psicológico, si es cierto que los aspectos psicológicos de nuestra personalidad inciden en nuestra forma de enfermar y en la enfermedad en sí misma. Y por tanto todas ellas pueden ser tratadas desde la perspectiva psicológica. Sin obviar la perspectiva médica una vez instaurada la enfermedad.

        En psicoterapia Gestalt contamos con la técnica de la silla vacía para practicar diálogos entre el órgano enfermo y la persona y descifrar el mensaje que la enfermedad quiere decirnos. A menudo es en el sistema enfermo o en el órgano el lugar en el que proyectamos todos nuestros aspectos negados, nuestra sombra y conviene tratar de reapropiarnos de ellos para completar un auto-concepto más completo de nosotros mismos. Entender en qué nos parecemos al órgano y en qué no, descifrar sus funciones  y su labor en todo el sistema, facilita el camino para el autoconocimiento.

        En lo corporal, la neurosis acaba expresándose además en nuestra postura de diversas maneras. La hipótesis de Lowen es que en nuestra estructura corporal se reflejan nuestras defensas psicológicas, así hay una taxonomía caracterológica basada en el cuerpo. Hay cuerpos con el pecho hundido, hombros anchos combinados con caderas estrechas, piernas sólidas que sostienen a la persona con cuerpos pequeños…

        P: ¿Recolocar el cuerpo de una forma equilibrada y correcta puede ayudar a equilibrar la mente, a superar estados de ansiedad, miedos, etc.?

        R: El trabajo corporal por si solo no es suficiente para equilibrar la mente, así como la medicación por si misma también es insuficiente. Existen actitudes, rasgos de carácter, conductas inadecuadas, que hacen sufrir a las personas y sobre las que es preciso incidir para que se den cuenta de ellas y las comprenda. Hay que  comprender, aceptar, rechazar o transformar las que le hacen infeliz y fomentar las que le producen bienestar. Si no hay cambios en la forma de percibir la realidad, de actuar y de tomar conciencia de cómo hace el neurótico para sentirse mal, el cambio de postura o la toma de antidepresivos y ansiolíticos no es    suficiente para producir los cambios. Es necesario un buen proceso terapéutico para hacer cambios permanentes.

        P: ¿Por qué puede conseguir traumatizarnos cualquier pequeña frustración de la infancia y sin embargo no se convierten en un seguro de estabilidad emocional todos los cuidados, el amor, el apoyo emocional y las buenas experiencias de nuestra vida?

        R: Yo no creo que eso sea cierto. Si la infancia ha sido buena, ha habido amor, cuidados, aceptación, apoyo, etc. están montadas las bases para una buena existencia. Sólo situaciones muy traumáticas como guerras, accidentes graves u otros acontecimientos similares  pueden romper una existencia que el sujeto ha podido ir desarrollando sanamente. Cuando pequeñas frustraciones son capaces de traumatizar a alguien es seguro que esa infancia no fue tan buena como pueda parecer o recordar.

        P: La memoria ¿Es un fiel aliado? ¿O puede ser una trampa para afianzarnos en nuestros traumas? ¿No puede engañarnos nuestra memoria haciéndonos recordar cosas que nunca pasaron, o bien hacer una interpretación gigantesca o reducida de las cosas, según le interese a nuestro estado emocional?

        R: La memoria no es totalmente fidedigna ni responde siempre a los hechos reales vividos por el sujeto, sino que está en función de la motivación y la motivación está en función  de las necesidades y de los deseos en ese momento, así como en las creencias. Con el tiempo los recuerdos sufren cambios y tienden a suavizar la intensidad de las emociones involucradas. La memoria no es lo importante en los sucesos positivos o negativos vividos en el pasado, el sujeto recuerda las experiencias del pasado y las cambia o tergiversa de acuerdo a su estado de ánimo, a las personas involucradas en las situaciones y lo que temió o deseo en aquellos momentos. Yo creo que es nuestro estado emocional el que influye en nuestros recuerdos y no la memoria la que influye en lo que recordamos. La memoria es selectiva pero en función de lo dicho más arriba. Amplios estudios realizados en U.S.A. han descubierto que una de las funciones del cerebro es rellenar los huecos, no importa con qué. Inventa, rellena, introduce cambios en lo que no comprende y es capaz de inventar con tal de rellenar vacíos de memoria. (El cerebro no soporta el caos ni los vacíos; los rellena de la mejor manera posible para dar sentido y congruencia a su realidad).

        P: ¿Cuáles son los miedos más habituales?

        R: En los niños los más frecuentes son: el miedo a la oscuridad, el miedo a los perros y el miedo a personajes monstruosos que aparecen en el cine, la TV, los cuentos y con los que pueden llegar a soñar en forma de pesadillas. En las personas adultas son más variados: miedo al rechazo, miedo al fracaso, a ser vistos en situaciones vergonzosas, miedo al ridículo, miedo a la soledad, hay miedos que pueden desembocar en fobias como el miedo a los ascensores, a las alturas, a los espacios abiertos. Pero quizá el peor de los miedos sea el miedo al miedo, es decir, el miedo que anticipa el miedo.

        P: ¿Cómo afrontarlos?

        Los miedos son emociones muy poderosas que afectan a lo más profundo del ser humano. Podríamos decir que es una emoción cuasi universal. La cuestión estriba en discriminar cuando es adaptativo y cuando se convierte en patológico. El miedo puede inhibir conductas, crear inseguridades, inhabilitar a la persona para llevar a cabo acciones saludables, desarrollar ideas irreales y construir imágenes de la realidad muy alejadas de ésta. La manera de afrontarlos está relacionada con la experiencia: actuar para confirmar que se puede, opinar y observar que no pasa nada, intentarlo e ir aproximándose a la acción a medida que van pudiendo hacerse cargo de las situaciones.

        Generalmente un profesional de la psicología contribuirá a descubrir el origen de esos miedos, la finalidad de los mismos y de qué manera contribuyen a que la persona no se comprometa con su vida y con el entorno, no se haga cargo de sus deseos y necesidades y permanezca anclado en la llamada “zona intermedia”, aquella en la que se da vueltas y vueltas a las ideas en un fallido intento de controlarlo todo.

        P: ¿Cómo influye la ansiedad en nuestra manera de abordar las dificultades (la resolución de conflictos) y en el aprendizaje a partir de los mismos?

        R: Evidentemente la ansiedad es un gran inhibidor de conductas. Generalmente aparece cuando anticipamos que va a ocurrir algo catastrófico, o quizá tan sólo que va a ocurrir algo que no controlamos, que no depende de nosotros.

        Un alto grado de ansiedad es nefasto para el aprendizaje porque la mente de la persona está más ocupada en escapar a lo temido que en aprender algo nuevo, por ello es especialmente importante que el aprendizaje esté enfocado de forma positiva involucrando a la persona en el conocimiento y motivando su curiosidad. A más alto grado de ansiedad más bloqueo y, por tanto menos posibilidades de encontrar respuestas o soluciones a  conflicto.

        (Aquí, como siempre, lo que es determinante es el grado. Se precisa un cierto grado de excitabilidad para producir ideas y contactar con los propios recursos creativos ante los conflictos, pero si esta excitación es excesiva puede llegar a producir parálisis y bloqueos.)

        P: ¿Cómo ayudarnos a superar el duelo, el dolor de una pérdida?

        R: Toda pérdida de un ser querido conlleva un tiempo de duelo y es algo natural. Perder una persona amada produce tristeza, dolor, malestar y a menudo nos hace contactar con sentimientos de injusticia, de desamparo. Casi todos los duelos conllevan un tiempo de retirada del mundo.

        Cuando el duelo se hace patológico o cuando mantiene a la persona aferrada al recuerdo y ésta hace de aquél su modus vivendi, es mejor acudir a un profesional que facilite la despedida de esa persona. En terapia gestalt utilizamos la silla vacía para trabajar con los duelos patológicos.  Los duelos se retrasan cuando los sentimientos son ambivalentes.

        P: ¿Cómo ayuda la risa, el sentido del humor, la capacidad de desdramatizar las situaciones?

        R: Enfocar o encarar la vida de forma positiva nos protege de la depresión y de los estados de ánimo tendentes a mantenernos retraídos y aislados. La risa sincera, la posibilidad de quitarle importancia a las situaciones dramáticas y pensar que forman parte de la vida, el pensar que las cosas desagradables, como enfermedades, muertes o cualquier acontecimiento negativo solo nos ocurre a nosotros nos arrastra a vivir las cosas con mayor dramatismo que si pensamos que forman parte del hecho de vivir. Cuando la gente piensa ¿por qué a mi?, tendría que cambiar el interrogante y  preguntarse también ¿y por qué no a mi?

        P: De qué forma nos puede ayudar a conocernos mejor y superar los conflictos emocionales el hecho de escribir?

        R: Cualquier forma de exteriorizar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que nos preocupa o nos encoge el corazón, es buena para aliviar los sentimientos que lo acompañan. La escritura es una forma de exteriorizar los conflictos. Aunque yo pienso que conversar y compartir con buenos amigos nuestras preocupaciones alivia mucho más el corazón. Evidentemente hay que estar dispuesto a abrirse emocionalmente a las personas en las que confiamos.

        P: ¿Cómo ayuda un diario? ¿Cómo deberíamos plantearlo para que resulte más eficaz?

        R: Los diarios son una buena ayuda para liberar tensiones, emociones, amores frustrados o cualquier sentimiento que nos agobie. Este método se da mucho más en la adolescencia. No hay una forma de plantearlo que les sirva a todos, cada uno tiene su forma particular de expresar lo que siente en su diario y eso es lo que vale.

        No obstante, mi opinión como decía en la anterior pregunta, es que sería mejor fomentar la amistad y la camaradería, enseñar a compartir con amigos y establecer vínculos sólidos de intimidad, en los que el equilibrio entre el dar y el recibir esté presente. Es muy importante, y quizá esté algo olvidado o relegado por las nuevas tecnologías, generar vínculos y redes de sostén entre las personas.

        P: ¿Cómo ayudan las cartas a la persona con las que mantienes un conflicto?,  ¿Cómo deberíamos plantearlas para que resulte más eficaz?.

        R: Anteriormente una carta era un buen modo de expresar a su destinatario aquello que no nos atrevíamos a decir directa y abiertamente. La carta es como un objeto intermediario que nos facilita la comunicación con el otro. A veces no es necesario enviarla (por ejemplo cuando el destinatario es una persona ausente o alguien que murió),  el mero hecho de escribirla y de expresar a través de ella sentimientos que de otra manera no podemos sacarnos, ya es sanador. Si este trabajo se hace y se completa con un terapeuta podrían cerrarse muchos asuntos pendientes, asuntos  cargados de resentimiento en los que la persona invierte una gran energía y que por tanto no tiene disponible para otras conductas más saludables.

        Una carta tendrá dos partes. En la primera, escribimos todos los resentimientos, agravios y emociones negativas, todo lo que nos produjo daño y dolor, todos los rencores, cualquier cosa que tenga que sirva para liberarnos. En una segunda parte escribiremos aquellas cosas por las que apreciamos al otro, le quisimos y nos gustaron de él y de la relación que mantuvimos,  lo que nos unió. Al poder expresar ambas realidades, aligeramos nuestro corazón de muchos resentimientos y valoraremos lo que el otro nos dio. Esto acerca ambos lados y mejora tanto nuestra visión del otro, como la de nosotros mismos.

        P: ¿Cómo ayudan los sueños a conocernos mejor y a identificar nuestros bloqueos?,

        R: En terapia gestalt hay dos trabajos especialmente reveladores y que se dirigen directamente al núcleo de nuestra personalidad: los sueños y el trabajo con el órgano o el sistema enfermo. Ambos trabajos conducen al paciente y al terapeuta a lo esencial del carácter del primero. Permiten, no sólo identificar los bloqueos sino ayudar a diluirlos, fomentan la responsabilidad y facilitan el darse cuenta de la persona en las tres áreas: pensar, sentir y actuar. A menudo trabajar un sueño da pistas del mensaje del aquí y ahora, del lugar en el que la persona se encuentra y de las posibles salidas del mismo.

        P: Cómo ayudan los cuentos a conocernos mejor y a identificar nuestros bloqueos?

        R: Los cuentos tienen tres funciones importantes: la más obvia es la de trasmitir conocimientos de unas generaciones a otras; en segundo lugar nos permiten descubrir nuestro guión de vida y en tercer lugar nos dan la oportunidad de identificarnos con los diferentes roles que aparecen en los distintos personajes representados. Trabajar los roles permite asumir y aceptar partes nuestras que están negadas y proyectadas en los personajes que no nos gustan y eso ayuda a hacernos una idea más precisa de quienes somos, ayuda a vernos de un modo más completo con características no tan “vistosas” pero más reales.

        P: ¿Qué hacer cuando, a partir de un cuento, identificamos nuestro problema?

        R: Más que identificar nuestro problema a través de un cuento, lo que descubrimos es que existe una especie de enseñanza en el cuento que concuerda con formas de actuar en nuestra vida y que están relacionadas con ese guión que a veces  seguimos de forma inconsciente. A través de nuestro cuento preferido podemos averiguar ese guión y ver si seguirlo es lo mejor que podemos hacer en la vida o si hay otras formas no predeterminadas y más abiertas que nos permitan movernos de una manera más libre, gratificante y creativa. Esa identificación con los distintos roles nos ayudará a cuestionar nuestras defensas y a revisar su utilidad en el aquí y ahora, a elegir, en definitiva nuestra manera de actuar y vivir.

        P: ¿En que consiste el interés terapéutico de los cuentos? (arquetipos, etc.)

        R: Los conocimientos que obtenemos de los cuentos son ricos, variados y valiosos.

        Como señalas, en los cuentos aparecen arquetipos que se han trasmitido a través de los tiempos de generación en generación. Los cuentos aparecen cuando los mitos pierden su sentido de poder explicar los fenómenos que eran inexplicables. Los cuentos sirven para transmitir modelos, conocimientos, roles,… así como un cierto sentido ético de lo que está bien y lo que esta mal, ofreciendo recompensas a las conductas loables y sanciones y escarnio a las conductas reprobables. Hay tantos cuentos en la literatura infantil,  que el niño encuentra modelos de identificación que encajan con rasgos de su carácter, por eso tienen importancia terapéutica, porque a través del trabajo con la historia y la identificación del sujeto con los personajes, podemos averiguar sus ideales, su manera habitual de actuar, sus miedos, valores, expectativas, anhelos, etc.

        Angeles Martín

        Instituto de Psicoterapia Gestalt

        angeles@escuelagestalt.es

        Curso de Autodescubrimiento – 7 motivos para realizar nuestro curso

        El 8 de Mayo iniciamos nuestro Curso de Autodescubrimiento, aproximación a la Terapia Gestalt en grupo. Los encuentros serán semanales de 2 horas de duración, los Lunes de 19.00 a 21.00. El precio de cada encuentro es de 25€ por sesión en función de las que haya habido ese mes.

        taller de autodescubrimiento

        Los terapeutas somos Erika Kjellander y Nacho Martín, ambos psicólogos y terapeutas gestalticos miembros del equipo del IPG.

        Para los indecisos, os aportamos 7 beneficios de apuntaros a este grupo:

        7 Beneficios de la terapia de grupo Gestalt

        1. Aprendo de experiencias de los demás: Aprendemos de lo que aporta el otro, de su experiencia real. La expresado por el otro nos resuena, nos identificamos en sus emociones y su relato, en lo igual y en lo diferente. El grupo gana experiencia con cada integrante, se nos ensancha el mundo y la conciencia.

        2. Tener la experiencia de no sentirme juzgado: Esto es fundamental para poder ir autodescubriéndonos. Es una de las principales normas dentro de los grupos de Terapia Gestalt, no juzgar, simplemente reconocer la experiencia del otro. Cada integrante  tiene sus propias dificultades y no estamos en el grupo para juzgar, aprobar o rechazar al otro sino para acompañar, ayudar y colaborar. Se busca esta ausencia de juicio como primer paso para aceptarse a uno mismo.

        3. Sentimiento de pertenencia al grupo ( se ofrecerá continuidad): La idea de este grupo es ofrecer una primera toma de contacto con esta forma de terapia para luego ofreceros para el curso que viene un grupo estable. En nuestra sociedad esto no es fácil de conseguir, tener un espacio de seguridad y confianza. Sin embargo, es uno de los elementos que más salud nos aportan. Ser uno más del grupo, pertenecer y ser aceptado, conforman una experiencia que puede ser transformadora. Todos necesitamos espacios en los que sentirnos aceptados  y darnos cuenta que somos queridos por el resto y tomados en cuenta. El grupo se fortalece con cada miembro que se siente parte de él.

        4. Mejora el aspecto relacional: Nuestras máximas dificultades  y fuentes de sufrimiento suelen estar vinculadas a lo relacional, al contacto con el otro. Un grupo de terapia es un lugar privilegiado para tomar conciencia de estas dificultades y mejorarlas.

        5. Ensayo real en interacción con otras personas: Lo que que aprendemos dentro del grupo, lo podemos poner en práctica con las mismas personas del grupo, es un espacio de seguridad en el que poder experimentar nuevas formas de hacer, sentir y actuar.

        6. No estamos solos: Una de las sensaciones que más sufrimiento nos genera, es la sensación de estar solos ante una experiencia difícil o problema. En un grupo nos reconocemos en el otro en lo doloroso y lo difícil. La experiencia deja de ser algo único, el otro experimenta y siente como nosotros. Así cómo podemos tener el placer de compartir lo positivo, los objetivos que vamos alcanzando.

        7. Es más económico que un proceso terapeútico individual: Para terminar y no menos importante una terapia grupal es bastante menos costosa que una individual. No obstante, podrías complementar con una terapia individual de menor frecuencia para poder reforzar tu proceso.

        No os lo penséis más, es la oportunidad ideal para lanzaros y tomar contacto con esta forma de trabajo personal.

        8 sesiones comenzando el 8 de Mayo. Los lunes de 19.00- 21.00. 25 euros sesión en IPG (C/ Francisco Silvela 74, 1º)

        Reserva tu plaza: 913 00 03 21 o info@escuelagestalt.es

        ¡Últimas plazas disponibles!

        Os esperamos!

        taller de autodescubrimiento

        Terapia infantil: insomnio, pesadillas y terrores nocturnos

        El insomnio infantil es una dificultad que se manifiesta en el niño, para el inicio o mantenimiento del sueño. Se puede manifestar como dificultad para conciliar el sueño una vez acostado, o como un despertar temprano con incapacidad para volverse a dormir.

        terapia infantil insomnio pesadillas terrores nocturnos

        Según algunos autores, a partir de los 6 meses, se considera que un niño sufre insomnio si al menos dos veces por semana necesita más de 45 minutos para quedarse dormido, o si se despierta totalmente al menos una vez por semana, durante la noche, sin poder dormirse de nuevo.

        Las pesadillas se definen como un sueño largo muy elaborado, con riqueza de detalles y que provoca en el niño una fuerte sensación de ansiedad, miedo o terror. Por lo general no hacen referencia a situaciones reales (salvo en aquellos niños que han sufrido situaciones traumáticas). A diferencia de lo que ocurre con los terrores nocturnos, el niño, normalmente, es capaz de relatar con todo detalle el sueño, sus personajes, circunstancias y hechos que se han ido sucediendo.

        El episodio suele terminar con el despertar del niño, volviendo éste a un estado de plena alerta y con la sensación de miedo o ansiedad todavía presente.

        Aunque las pesadillas no suelen suponer un riesgo, por sí mismas, para la salud del niño, sí que pueden producir un cierto temor a dormir, en especial, si éstas son frecuentes. Es en estos casos cuando se puede alterar el patrón de sueño y aparecer secundariamente la somnolencia excesiva, irritabilidad, ansiedad, etc.

        Los denominados terrores nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas.

        Durante el episodio es habitual que el niño se siente bruscamente en la cama y comience a gritar y llorar con una expresión facial de terror y signos de intensa ansiedad. A diferencia de lo que sucede en las pesadillas, no suele despertarse fácilmente a pesar de los esfuerzos de otras personas. Si finalmente se consigue, el niño se muestra confuso, desorientado durante unos minutos y con una cierta sensación de temor pero no tan acusado como en el caso de las pesadillas. No hay recuerdo del sueño y si no se ha despertado totalmente vuelve a dormir inmediatamente sin recuerdo de lo sucedido al día siguiente.

        Rosana Pablo Escribano