¿Cómo distinguir entre depresión y tristeza?

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No es lo mismo estar triste que estar bajo una depresión

Muchas situaciones en la vida acarrean sentimientos de tristeza más o menos permanente, más o menos intensa y más o menos frecuente. La tristeza es una emoción normal que ante diferentes tipos de pérdidas, ante determinados cambios para mal o incluso para bien, después de picos grandes de ansiedad o estrés prolongado y de acuerdo a nuestra forma de ser puede acompañarnos en mayor medida en algunos momentos de nuestra vida.

Sin embargo, si estos sentimientos se instalan en forma permanente, comienzan a modificar nuestros hábitos de alimentación y/o de sueño, si dejamos de disfrutar de lo que habitualmente nos gusta, si no tenemos ganas de nada y nos da lo mismo donde estemos, con quién y haciendo qué cosas, estamos planos emocionalmente, como apagados y antes no éramos así podemos estar entrando en una depresión.

depresión o tristeza, depresión encubierta

En nuestro centro te realizamos una valoración de tu estado anímico para determinar si esto te puede estar ocurriendo, que tan grave es y qué necesitas en tu proceso de recuperación de psicoterapia psicológica.

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    Síntomas y enfermedades psicosomáticas

    La vergüenza sentida en el propio cuerpo

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    Al hablar de expresión somática hemos de referirnos en primer lugar a las clásicas conversiones histéricas. El cuerpo del histérico sugiere Tizón (2018) es un teatro de operaciones y de dramatizaciones. Son muchas sus expresiones ya sean alteraciones sensoriales o motrices, anestesias, parestesias, sorderas, manifestaciones viscerales gastritis, neurológicas como las epilepsias, embarazos psicógenos, vómitos, anorexias, fibromialgias y las famosas cefaleas, trastornos respiratorios, las clásicas disneas.

    Hemos de tener en cuenta que el cuerpo en la personalidad con rasgos histéricos no es para ser cuidado y respetado. Como dirían MacKinnon y Michels (1971), es un instrumento para ser aprobado, admirado o bien protegido. De ahí el erotismo que se despliega, pero no un cuerpo para la intimidad y menos para el placer sexual.

    Macdougall (1987) piensa que la personalidad psicosomática (que definieron los franceses como hiperadaptación social, pensamiento operatorio o alexitímico, donde el sujeto no conecta con sus sentimientos, incluso incapacidad de soñar, además de estados depresivos y la dificultad para fantasear todos estos aspectos considerados como una discapacidad psíquica), es una defensa contra temores narcisistas o tipo psicóticos. Es la idea que Macdougall propugna como “histeria arcaica”. Esta autora se refiere a este tipo de histeria como angustias existenciales, es decir, está en riesgo la identidad o el propio narcisismo, es decir se pone en riesgo la persona entera. Me parece interesante esta visión de lo psicosomático. Aunque se hace difícil interpretar qué quiere decir Macdougall cuando expresa “una parte del cuerpo representa a otra persona con lo que queda a salvo la identidad de uno mismo”. Como si una parte representara por ejemplo a una figura materna o incluso como si una parte del cuerpo fuera propiedad de una figura materna, y el sujeto se dijera a sí mismo “esa parte no soy yo”.

    Desde otras corrientes donde se contempla lo psicosomático como parte de un proceso disociativo se entiende que hay que buscar la parte que somatiza. Además, se entiende que muchas partes somatizadoras son las que tienen los recuerdos más traumáticos o dolorosos. Por ejemplo, un caso de una mujer X que tiene una inmovilidad involuntaria del cuello, tanto es así que se ladea automáticamente cuando se le pregunta y ella misma tiene que colocarse el cuello, pero no le duele. Es como no mirar de frente. Su madre le pegaba con frecuencia en la infancia, una madre con rasgos sádicos. Cuando el cuello se tuerce, ella siente como una nube que se carga y le cae un líquido que le corre por la cara. Lo que corre por la cara, pero no corre porque no brota supongo son las lágrimas. Pero unas lágrimas que parecen correr por dentro pero no por fuera. Ella nunca dice lágrimas dice un líquido que corre por la cara. Como si fuera un drenaje dice.

    En este caso anterior, las emociones no estaban permitidas en su infancia. Es como el caso Tim, que describe Macdougall en el texto anterior. Tim no pudo llorar la muerte de su padre cuando era un niño porque su madre tampoco lo hizo. Estaba prohibido llorar. La frase que McDougal describe es “cuando el dolor no encuentra salida en las lágrimas son otros órganos los que lloran”.

    Tim no pudo llorar el duelo de su padre, su madre se lo prohibió cuando murió su padre. Tim se identificó con su propia madre, es decir un adulto frío y distante de sí mismo. Tim soñaba ser torturado por la Gestapo alemana y eso le procuraba placer. Es como el ideal del yo de su madre para poder así ser querido (ideal de ser fuerte y no sentir). Quizás Tim sintió la culpabilidad del infarto y muerte de su padre por su mal comportamiento y su rebeldía. Una rebeldía ante la asfixiante cárcel alexitímica que exigía su madre. Tim siempre tuvo la esperanza de ser rescatado de esa cárcel por una madre que nunca le salvó. Después la esperanza recayó sobre la otra, la sustituta, sobre su mujer a quien culpabilizaba inconscientemente por no contenerle, por no contenerle el placer compulsivo de fumar.

    Tim necesitaba fumar compulsivamente ante cualquier atisbo de culpa, dolor o angustia o bien ante pensamientos conflictivos cuya ira y culpa le aniquilaba. Hemos de entender que la adicción se generaliza y sirve para cubrir cualquier tipo de malestar o incluso bienestar. Tim fumaba dos paquetes de tabaco diarios. McDougal le señala “te esfuerzas por probar que a nadie le importas” “Le dices a tu mujer que no fume, pero haces por los demás lo que te niegas a hacer por ti mismo”. Tim padecía un desamparo alexitímico interior que le vaciaba.

    Tim sufrió un grave infarto. Tim decía que si su madre le hubiera permitido llorar la muerte de su padre y permitirme llorar con ella quizás aquel infarto no hubiera ocurrido.

    Vemos en ambos casos Tim y la señora X y en otros muchos casos, la ausencia de una imagen maternizante que pueda ocuparse de las excitaciones, dolores y sufrimientos que pueda contener estas angustias. El no poder ocuparse de uno mismo, de su vida interior. En estos momentos, cuando alguien es incapaz de tramitar el sufrimiento, aparecen soriasis, alcohol, dolores, contracciones, cefaleas, etc. que parecen ser el sustituto de ese maternaje. No hay un entorno que maternice y en su lugar dirá McDougal aparece el normópata o el falso self como dice winnicott, más regulado por normas y por un aparato psicosomático difícilmente penetrable.

    En los dos casos que he mencionado todo pasa dentro, sin conciencia de lo que ocurre. El corazón de Tim llora por dentro y la señora X llora también por dentro. Se desahoga por dentro. En ambos casos las emociones no estaban permitidas en la niñez. La señora X no responde con la palabra, sino que lo hace su cuerpo, su cuello al ladearse. Es decir, no puede mirar de frente. Cuando mira para dentro para comprobar cómo se siente simplemente su cuello se ladea. Quizás esa parte interna de la señora X tiene miedo y dobla la cabeza. Esta sería la parte conversiva. Son como las angustias que describe McDougal, angustias tipo histeria arcaica, angustias de existencia que sobrepasan al individuo, relacionados con fuertes sentimientos de vergüenza. Y como sabemos la vergüenza intensa está relacionada con la identidad, con el narcisismo y la sensación de que algo dentro de nosotros no está bien.

    Podemos pensar entonces cómo lo somatomorfo o las respuestas somáticas están relacionadas con aspectos del trauma. Por ejemplo, una mujer tenía la sensación de sentir una bola en la garganta y la imposibilidad de tragar o bien el bolo lo notaba en el estómago.

    Una parte que contenía el miedo vivido en momentos traumáticos y la explosión de sensaciones que ocurrieron en el momento del trauma. Son los recuerdos somáticos en el cuerpo. Ese bolo también contenía mucha rabia y a continuación venía el vómito psicógeno. Recuerdos donde aprendió a echar la rabia a través del vómito le dije.

    Otra de las manifestaciones psicosomáticas de nuestra época es la fibromialgia como un estado hiperalgésico que como causa más probable es una disfunción entre el cerebro y médula y cómo éstos procesan disfuncionalmente el dolor y el déficit en neurotransmisores como dopamina y serotonina.

    Ramos G. (2012) nos muestra cómo el dolor del cuerpo y la fibromialgia va sucumbiendo cuando la palabra entra en acción. Por ejemplo, una mujer cuyo marido es exitoso e hiperactivo, ella pretende complacerle, pero eso requiere mucha energía y ella queda derrotada por el cansancio. El cuerpo rechaza y hace huelga. Ella quiere mostrarse poderosa como un gran sunami, pero tiene un discurso medicalizado que combata sus dolores, ella es víctima y le saca su jugo. Pretende existir desde una imagen bondadosa y entregada, pero habla de una vida vacía de afectos y sintonías. No puede hablar de las perturbaciones de su padre y de su abandónica madre. Ella frustrada bailarina se defiende desde la coraza del cuidado y orientadora de otros.

    Otra paciente se refugia en el espíritu positivo e ideal de la vida. Ella no se ampara en el victimismo incluso cuando tendría motivos para hacerlo. Su madre una mujer fría e insensible que no la miraba y cuyo reclamo para conseguir un poco de afecto fueron algunas crisis histéricas en la infancia. Esta mujer aprendió que sólo se consigue un poquito de afecto cuando uno enferma, causa y expresión de muchos trastornos alimentarios.

    Otra mujer también con fibromialgia alega que siempre se sintió mal pero peor desde la muerte de su madre con la que siempre tuvo un vínculo difícil. Madre que no la trató bien y que invalidó constantemente. Para su madre su hermano era el preferido y a ella le dirigía una mirada insensible y dura. A cambio ella debía prestarle sumisión y obediencia. Vemos entonces cómo se va estructurando una infancia infeliz y una imagen deficiente de su valor y atractivo femenino, es decir, de su identidad global. Al morir su madre queda sumida en una fuerte depresión y aparecen síntomas físicos cefaleas, dolores abdominales, contracturas…una explosión o brote somático que lucha por quedarse y aparece la fibromialgia. Recordemos que el brote somático aparece como defensa ante el dolor mental.

    Esta mujer repite esquemas porque aquello que no puede ser tramitado vuelve como un asunto pendiente a actualizarse en el presente, como se suele contar en Gestalt, o como diría Freud aquello que no puede ser pensado vuelve a actuarse porque pugna por salir, pugna por resolverse. Pese a ser una mujer competente y responsable en su trabajo repite el patrón vincular y es maltratada por una jefa que vuelca sobre ella todo tipo de recriminaciones sintiéndose inútil e incompetente. Mientras que la paciente se esfuerza aún más por complacer a esta jefa (es característico de lo que el DSM-V trata como trastorno dependiente de la personalidad, ante el riesgo de abandono la persona es capaz de someterse aún más. Diferente al trastorno de personalidad histriónico o histérico que suele actuar dramatizando estos miedos y finalmente se deprime, y el trastorno límite que se enfurece o se auto agrede).

    Vemos entonces cómo la paciente ante estas agresiones responde intensificando aún más los brotes clásicos de fibromialgia. Es decir, la dificultad para tramitar la rabia ante la imposibilidad de complacer a su jeja como antes lo había sentido con su madre. Con la esperanza de ser acogida en algún momento. Continuas bajas laborales llenas de rabia, vergüenza que descarga sobre su cuerpo y si se me permite, de venganza inconsciente ante su jefa que no desea en realidad. No obstante, hay una dificultad para asociar la rabia, el sufrimiento laboral y el sufrimiento somático porque nada se piensa y todo se descarga en el cuerpo.

    Otra paciente que había sufrido maltrato en su infancia, después lo sufrió por su pareja en la adultez, combina diferentes enfermedades psicosomáticas. Ella señala que es una persona independiente. Le señalo que su dependencia consiste en hacer dependientes a los demás. Al preguntar por qué mantuvo una relación con alguien que no la trataba con cuidado, señala que fue el miedo y a continuación señala una motivación más profunda “creí que nadie me iba a querer” como así se lo había señalado su cuidador y su propio agresor. Aquí podemos introducir la vergüenza, como si algo defectuoso habitara en el interior. Y por tanto la vergüenza del propio cuerpo en los trastornos psicosomáticos.

    Una de las escuelas que estudiaron el fenómeno psicosomático es la escuela de París. Reflejaban una de las características de estas personalidades como es la hiperadaptación social. McDougal hablaba de normópatas. Son personas muy responsables, hiperadaptadas al entorno que muchas veces tratan de cuidar a los demás, de refugiarse detrás de estas supercorazas, pero con mucho miedo a la intimidad, desafectivizados y con fuertes sentimientos de vergüenza y de rechazo al propio cuerpo.

    Recordemos el caso de Tim o la señora X que se avergüenzan de sus propias lágrimas porque no fueron autorizados a expresar su tristeza. El entorno rechazó la expresión del dolor o bien la vergüenza, en otro caso, expresada en esta frase, “creí que nadie me iba a querer”. El denominador común en la mayor parte de los casos, como vemos, es la ausencia interna de una madre suficientemente buena y contenedora que pueda tramitar las angustias y los afectos.

    Durante el desarrollo recibimos sobre nuestro cuerpo todo tipo de miradas y de expresiones que quedan constituidos en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Aquellas etiquetas que más afectan son las que proceden de nuestros primeros cuidadores. Entonces la vergüenza se transforma en un sentimiento central en nuestra identidad porque se trata de la idea que tengo de mí mismo y de la idea que creo tienen los demás sobre mí.

    Si la vergüenza es muy intensa posiblemente pensaré que los demás me van a rechazar y entonces tendré miedo a que me avergüencen. Si la vergüenza es sobre mi cuerpo lo ocultaré, será mi enemigo y desconectaré mis emociones, posiblemente descargaré sobre él todas mis angustias como si fuera un vertedero. Cualquier mensaje que me mande el cuerpo será sistemática y suspicazmente tratado como un enemigo. Trataremos al cuerpo como defectuoso e intensificaremos la vergüenza y las expectativas negativas que los demás tienen de nosotras.

    Sabemos que el antídoto contra la culpa es el perdón, como sabemos que contra la vergüenza es la aceptación. Si me avergüenzo nunca mostraré lo más real de mí mismo. El miedo a la vergüenza o la vergüenza a sentir miedo o la rabia que me da sentir vergüenza o la vergüenza que me provoca la rabia (vemos cómo unas emociones están relacionadas con otras) se va transformando en la relación con los cuidadores. Si los cuidadores avergüenzan o lanzan mensajes descalificadores la tensión aumenta y la sensación de seguridad interna se diluye. Nos generan déficits y estos déficits van a intensificar los sentimientos vergonzosos. Sobre nosotros y nuestros cuerpos.

    De esto se trata la relación terapéutica. Poder expresar lo que antes solo se expresaba con el cuerpo. Pero para poder estar ahí y transformar, es necesario pasar por emociones como la vergüenza. Pasar con respeto por aquellos momentos que no se pudieron pensar ni tramitar ni contener. Aquello que pasó directamente al cuerpo en el pasado, sin conciencia del dolor mental, se hace presente en el aquí y ahora. Alguien puede pensar en sensaciones corporales que le van a matar como un cáncer, pero no puede decir “eso me pasó a mí, yo viví situaciones y sensaciones donde sentí una vergüenza enorme y tanto miedo que pensé me iba a morir de soledad”.

    En la relación terapéutica se pueden transformar los afectos. Pero los afectos sólo podrán ser expresados y tolerados si poco a poco vamos anticipando la aceptación de aquel que nos escucha. Esto es, que al expresarlos no vamos a ser abandonados, avergonzados, criticados o rechazados. El miedo y la vergüenza que están en la base de muchos trastornos ya sean alimentarios, somáticos, dependencias, etc. Pueden tramitarse desde la conexión emocional para convertir progresivamente la tensión corporal en mayor relajación vital y aquello que consideramos déficits o defectos personales puede ir convirtiéndose en aceptación.

    Es decir, aquello que se consideraba un defecto vergonzoso, puede cambiar y transformar nuestros afectos, convertirse en parte de nuestra singularidad como seres humanos, cambiar nuestra manera de mirarnos para sentirnos más compasivos y cuidadosos con nosotros mismos y cambiar la imagen que creí, tenían los demás sobre mí.

    • (2012). Fibromialgia: de la identidad en la nosografía a la rementalización del sufrimiento. Una experiencia de cinco años de trabajo grupal desde una perspectiva intersubjetiva. Aperturas Psicoanalíticas 42. (Revista por Internet: http://www.aperturas.org).
    • McDougall, J. (1987, 1991). Teatros del cuerpo. Madrid: J. Yébenes. Capítulos: Introducción y Cap. 1, Capítulos 8 y 9 [Caso Tim].
    • Mackinon,R.A. y Michels,R. (1971). psiquiatría clínica aplicada. México: Interamericana.
    • Velasco, R. (2010). Dismorfofobia o vergüenza del cuerpo. Clínica e Investigación Relacional, 4 (1): 208-220.
    • Tizón, J.L. (2018). Apuntes para una psicopatología basada en relación. Barcelona: Herder.

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      Resistir las crisis como antídoto ante el desaliento

      Resistir: nuestra fortaleza en tiempos difíciles

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      En estos tiempos que nos toca vivir, inmersos en diferentes tipos de crisis, a veces de salud, a veces económicas y sin duda personales y sociales nos toca reinventarnos y aprovechar al máximo todas las oportunidades que tenemos de ponernos nuevamente en pie y seguir hacia adelante.
      Con nuevos bríos y nuevos proyectos necesitamos recuperarnos y disminuir el desaliento que ciertas épocas, más difíciles en nuestras vidas, suelen instalar a veces en nosotros.

      Valorar lo que tenemos y agradecer, suelen ser potentes antídotos para atravesar con éxito las crisis de todo tipo.

      A veces estos sentimientos se vuelven difíciles de encontrar en nuestro día a día cotidiano, pero es entonces cuando el dejarnos acompañar por los demás, ayuda a sobrellevar los desafíos que tengamos por delante, aumentando nuestra resistencia ante las dificultades.

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        El control de la ira

        Problemas para controlar la ira

        La ira en sus múltiples variantes es una emoción que nos suele traer de cabeza. Cómo aprender a controlar la ira? Cómo transformar nuestra ira en asertividad? Cómo sabemos cuándo estamos siendo presas de un descontrol de nuestras respuestas de ira? No controlar la ira es ejercer violencia sobre los demás?

        Muchas veces nos sentimos a la defensiva o los demás nos dicen que estamos a la defensiva, que con nosotros no se puede hablar, que vamos como atajándonos de lo que nos dicen, que huimos de afrontar lo que nos corresponde o atacamos a los demás de forma desproporcionada, injusta y con reacciones de ira que luego dañan nuestras relaciones si no se pueden remontar o reparar.

        La historia de las defensas psicológicas y lo que tenemos que hacer con ellas es similar a lo que le ocurrió a aquel soldado del Ejército Imperial Japonés, que defendió posiciones de combate en una Isla de Filipinas y que estuvo luchando durante 30 años después de acabada la guerra, porque no se enteró que la guerra había terminado.

        En la jungla, se enfrentaba día a día con cientos de peligros, sobrevivía y se mantenía fiel en su posición de defensa y servicio a su patria.

        Cuando sus compañeros lo encontraron, lo reconocieron, lo trataron con mucho tacto y amabilidad, y tardaron un buen tiempo en convencerle de que todo había acabado.

        Cuando regresó a su país, lo recibieron con todos los honores, le agradecieron con numerosos actos y homenajes todo lo que había hecho en esos 30 años, lo premiaron por haber estado trabajando tanto en la defensa de su pueblo y de sus ciudadanos y finalmente le ayudaron a instalarse en una granja y a cambiar de ocupación.

        Se retiró entonces allí adonde se dedicó a entrenar a jóvenes en la supervivencia en zonas selváticas.

        Falta de control de la ira

        Las distintas defensas psicológicas que tenemos, nos defendieron durante los períodos más indefensos de nuestra vida y aún en el presente continúan luchando como si aquello no hubiera acabado y aún estuviéramos en peligro. El trabajo con ellas es reconocerlas, recuperarlas, agradecerles todo lo que han hecho por nosotros y buscar para ellas una nueva función integradas al resto de nuestra personalidad.

        Nuestras defensas nos han permitido sobrevivir, pero se han quedado ancladas al pasado, como el soldado japonés. Hay que actualizarlas, contarles que ese tiempo tan difícil ya pasó y que crecimos, que ahora somos adultos y contamos con muchos más recursos que en aquel entonces, que hemos conseguido avanzar y hacer nuestro camino a nuestra manera y que ya pueden descansar porque juntos podemos trabajar para que encuentren una nueva función en nuestra vida, de modo más apoyador y más adaptativo para nuestro desarrollo y crecimiento.

        La terapia psicológica es un espacio privilegiado para ello, adonde nuestro terapeuta nos acompañará a descubrir estos aspectos tan profundos en nosotros para de a poco irnos recuperando, descubrir que la guerra terminó, que estamos vivos y que podemos protegernos de modos más flexibles y adecuados, que no se repitan cada vez que nos sentimos asustados, acorralados o superados por lo que nos toca vivir.

        En la terapia psicológica, honramos a las defensas, como la reacción de ira, entre otras, que nos han permitido sobrevivir y reconociendo su gran labor y su valor, les invitamos a desarrollar otras funciones en nuestra forma de ser.

        Desarrollar la resiliencia

        Resiliencia: valorar lo que tenemos como antídoto ante el desaliento

        Nadie es ajeno a que ahora más que nunca es necesario poner en marcha todos nuestros recursos para desarrollar resiliencia, la capacidad de resistir y sobrevivir a condiciones adversas. ¿Cómo podemos entonces fortalecernos? ¿Cómo ajustar nuestras respuestas de forma resiliente? Y cómo puede la psicoterapia ayudarnos en este proceso.

        En épocas en que necesitamos mucho descanso para recuperar fuerzas, recuperarnos de preocupaciones de salud, familiares, laborales o personales, solemos plantearnos la necesidad de “desconectar”, como una especie de “olvido” de lo cotidiano y rutinario de esas preocupaciones, en cuanto a espacios, personas o actividades, como la forma óptima de recuperarnos. Es lo que nos impulsa a salir de casa, a viajar, juntarnos a celebrar con los amigos y con la familia.

        Ahora que tenemos nuevas condiciones en nuestra vida, que requieren que momentáneamente cambiemos algunos de nuestros hábitos, nos encontramos más solos. Es necesario entonces buscar nuevas formas cuando a veces no podemos movernos de nuestra casa o reunirnos con los demás como lo hacíamos siempre. Es muy importante ir encontrando nuevas fórmulas que nos permitan “resetearnos” de maneras diferentes en las nuevas condiciones que habitamos, aumentando nuestra resiliencia.

        Muchas veces, para disfrutar de nuestro tiempo libre, tenemos que apartarnos de lo cotidiano o crear un reducto especial, donde lo diferente nos permita desconectar del trabajo y las tareas que tenemos.

        Nuestro principal reto en estos tiempos puede ser conseguir estar más presentes, más conectados en cada momento que vivimos con las características que este tenga, aceptando así sus efectos y reconociendo que podemos aprender a estar mejor preparados para surfear los momentos más difíciles que a veces nos toca atravesar.

        La primera condición es darnos cuenta entonces que la vida implica todos sus matices emocionales y todos sus estados de ánimo, de las distintas circunstancias que atravesamos. Percatarnos de que las dificultades de nuestra existencia y las limitaciones que conlleva, puede poner en marcha en cada uno, actitudes nuevas que exploren nuevas formas de descansar, disfrutar, compartir y nutrirnos, es algo que resulta irremplazable en cualquier condición.

        Ahora que movernos, juntarnos y viajar está menos disponible, podemos echar mano a la creatividad para hacer aquello que más nos gusta, ahora que contamos con todo el tiempo necesario para desarrollarlo. A veces toca parar y cuidar a otros, a veces dejarnos cuidar, a veces despedirnos y dolernos por los que ya no están. En la vida, existen momentos difíciles donde el desaliento se nos instala a vivir muy cerca. Tenemos entonces la oportunidad de abrazar ese sentimiento de desesperanza y dejar que nos enseñe cómo seguir para adelante, un aprendizaje necesario para la vida. Para todo esto, iniciar un proceso psicoterapéutico puede ayudarnos a andar estos senderos acompañados.

        Resiliencia: nuestra fortaleza en tiempos adversos

        Y entre tanto la vida transcurre, podemos detenernos por ejemplo a observar aquello que hemos pasado por alto porque íbamos con tanta prisa y preocupación de un lado a otro y descubrir lo mágico que puede resultar por ejemplo, el poder mirar al atardecer el cielo con su luna, poder dejarnos sorprender con el exquisito olor a un café recién hecho o con sabor inigualable del pan crujiente recién cortado. Valorar que estamos sanos, que estamos vivos, que podemos andar, ver, escuchar, en momentos de desaliento puede ser la conexión que nos ayude a remontar y a seguir.

        Tenemos la oportunidad, la gran oportunidad de revalorizar lo que hemos dado tantas veces por sentado, sintiendo a veces agradecimiento, cuanto la tempestad afloja, cuando los grandes nubarrones parecen dar lugar al sol, cuando desde la oscuridad comienzan a perfilarse nuevas siluetas al amparo de una nueva luz.

        Valorando lo que tenemos, nos tocan tiempos de estar donde nunca nos habíamos imaginado, de sacar una fuerza interior que no sabíamos que teníamos, de dejarnos acompañar, de aprender, insistir, crear, intentar, fracasar, empezar de nuevo, reconstruir y compartir, una y otra vez hasta que atravesemos juntos una vez más una nueva adversidad. Que el desaliento no nos impida valorar aquello que somos, hacemos y tenemos.

        Problemas con la alimentación y cómo superarlos

        Los psicólogos atendemos frecuentemente a personas que tienen diversos problemas con la alimentación, problemas que van más allá de la comida en si, y ayudamos a salvar estas trabas con una atención personalizada para cada paciente. Existen muchos problemas diferentes en la conducta alimentaria, a veces son trastornos de la alimentación, y es importante identificar las dificultades específicas, recibir ayuda de un profesional especializado y conseguir los cambios que necesitamos para nuestro bienestar. Cuando miramos adentro, buscando el sentido del comer de más o comer de menos, podremos encontrar un equilibrio saludable en nuestra forma de relacionarnos con la comida, con los demás y con nosotros mismos.

        Los psicoterapeutas ayudan a poner conciencia sobre nuestra relación con la comida, para poder superar los viejos automatismos y costumbres alimenticias. Sabemos que cuando hay asuntos pendientes sin resolver, nuestra energía se atasca, provocando alteraciones en nuestro organismo, bloqueos y desequilibrio. Y es en terapia cuando podemos escuchar nuestras sensaciones, rescatando señales internas que teníamos olvidadas y recuperar conciencia corporal. Es necesario dedicarnos tiempo, respirar y conectar con las necesidades y lo que realmente queremos. En las sesiones psicoterapéuticas también exploramos nuestros patrones, ideas, creencias y valores, discerniendo cuáles nos sirven para cuidarnos y cuáles no, aprendiendo a nutrirnos desde la autorregulación y no desde el control.

        La alimentación es clave para nuestro equilibrio y conlleva mucho más que ingerir comida. En Psicología entendemos que nuestra manera de comer es una expresión más de nuestras actitudes, cómo nos sentimos con nosotros mismos, interactuamos con el entorno y gestionamos nuestros afectos. Encontramos paralelismos interesantes entre la manera de alimentarnos, nuestra forma de vivir y regular las emociones. Nos damos cuenta que una alimentación consciente puede tener beneficios significantes para nuestra salud.

        Resulta interesante observar cómo preparamos los alimentos y nuestro modo de comer y digerir. ¿Estamos atentos al momento, saboreando, respirando, sintiendo el placer y la satisfacción? ¿Estamos presentes en la experiencia, poniendo todos nuestros sentidos en disfrutar del sabor de cada bocado, aspirando sus aromas, observando los colores y las texturas, incluso prestando atención a los sonidos al comer y beber? O al contrario, ¿nuestro ritmo nos lleva a zampar con prisas, devorando lo primero que tenemos a mano, apenas registrando lo que nos metemos en la boca? Quizá sintamos un vacío que no acaba de llenarse con nada y este tragar rápido, sin masticar, tiene que ver con nuestros hábitos y modos de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y nuestras necesidades. Y descubrimos que no siempre es hambre de comida… sino de otra cosa.

        Las peleas con la comida y el peso, quizá sean síntomas de problemas más profundos. Bajo muchas formas de comer hay un componente emocional importante. O engullimos compulsivamente como una forma de tapar el vacío emocional, en un intento de satisfacer nuestras necesidades afectivas, o controlamos la comida que ingerimos de forma obsesiva, algo que sí dominamos, y no queremos ver el problema central. Muchas veces recurrimos a la comida como una anestesia o la utilizamos para paliar la soledad. Frecuentemente nos cuesta diferenciar si lo que sentimos es hambre fisiológica o son otras emociones expresándose en nuestro organismo. Sentimos ansiedad, estrés o aburrimiento. Nos sentimos vulnerables y tenemos miedo a la intimidad o al dolor, y comemos. Sentimos hambre psicológica, y comemos, no para nutrir el cuerpo, sino para calmarnos, animarnos o distraernos en un intento de regular las emociones que nos resultan desagradables. Es un comer emocional y muchas veces no tenemos conciencia de este funcionamiento tipo piloto automático. Quizá nos falta comprensión o reconocimiento, y tratamos de sustituir al amor con los dulces, pero tenemos sentimientos de culpa cuando comemos de más y nos castigamos poniéndonos a dieta.

        Muchas veces nos falta confianza, y la atención a las señales internas de hambre, plenitud y satisfacción se deja de lado. La industria y la publicidad se aprovechan de nuestros sentimientos de inseguridad y culpabilidad. Escuchamos fuera lo que hay que comer y en qué momento, cayendo en las modas con respecto a las distintas teorías sobre cuántas veces al día debemos comer, o en la trampa de las dietas milagro, tragando lo de fuera y perdiendo nuestra conexión con nosotros mismos. Si sólo escuchamos la información externa, nos confundimos y desconectamos del cuerpo y sus necesidades específicas para nuestro buen funcionamiento.

        Necesitamos desarrollar una actitud de apertura a la experiencia, curiosidad y observar nuestras respuestas a los diferentes alimentos. De esta manera conectaremos con nuestro cuerpo y aprenderemos a leer las señales que nos envía. Lograremos escoger qué comemos y cuánto en base a indicadores internos, escuchando lo que nos pide el cuerpo en función de las circunstancias específicas del momento como el clima, la estación del año, y nuestras características individuales como la edad, el metabolismo y la actividad física. Decidiremos qué queremos comer, y en qué cantidad, preparando y deleitándonos con platos nutritivos y ricos que nos ayudan a sentirnos satisfechos. Rescatando nuestros sentidos y comiendo con todos ellos cuando tenemos hambre, y dejando de comer cuando ya estamos llenos.

        Es más fácil cuidarnos, cuando nuestro mundo está en orden. En el espacio terapéutico miramos la tristeza, soltamos el enfado y afrontamos nuestros miedos. La atención psicológica nos ayuda a desarrollar una sana autoestima para valorarnos tal y como somos, y este trabajo también se reflejará en nuestras elecciones de alimento y la atención que ponemos a lo que rodea el acto de comer. Cuando nos encontramos bien, fluimos a la hora de elegir lo que nuestro organismo necesita y resulta natural prescindir de lo que nos sienta mal. Nos resultará más fácil llevar una dieta equilibrada y saludable que aporte los nutrientes que nuestro organismo necesita, animándonos a experimentar en la cocina, probando recetas nuevas y eligiendo menos productos ultraprocesados, y más alimentos frescos de la tierra y preparados en casa.

        Hay otros modos de regular nuestras emociones para que la comida no sea la única manera de gestionar el estrés. Para vivir mejor, el autoconocimiento, también mediante la exploración de nuestros hábitos de alimentación, es un buen recurso para favorecer la salud mental y emocional. Es un camino más amable y compasivo en el que aprendemos a responsabilizarnos de nuestra salud y conectar con nuestra intuición. Conllevará una nueva relación con nosotros mismos y tendremos más energía. Nuestro cuerpo es sabio y conoce lo que necesita, sólo es cuestión de escucharlo y respetarlo, en todas sus necesidades, nutricionales y emocionales.

        Hansel y Gretel

        Hansel y gretel

        Trabajo psicoterapéutico con cuentos,

        siguiendo el trabajo de nuestra directora Ángeles Martín conjuntamente con Nurieta González Sebastiá ( http://www.cph-es.com), os compartimos otro artículo en el nos presentan el cuento de Hansel y Gretel y sus implicaciones terapéuticas.

        Esperemos os guste, este es el enlace

        https://cuentosguiondevida.blogspot.com/2019/05/hansel-y-gretel.html

         

         

         

        Ángeles Martín González

        angeles@escuelagestalt.es

        Nurieta González Sebastiá

        neta@cph-es.com

        Nurieta.gonzalez@hotmail.com

         

        Trabajo psicoterapéutico con los cuentos infantiles

        gestalt cuentos

        Los cuentos como guión de vida

         

        Nuestra directora Ángeles Martín conjuntamente con Nurieta González Sebastiá ( http://www.cph-es.com), llevan años profundizando en el uso terapéutico de los cuentos infantiles tradicionales. Para difundir este abordaje vamos a compartir una serie de artículos en los que explican este trabajo, esperamos os guste. Podéis leer el primero en el siguiente enlace:

        https://cuentosguiondevida.blogspot.com/2019/05/trabajos-psicoterapeutico-con-los.html

         

         

        CRECIMIENTO PERSONAL EN EL EMBARAZO Y PUERPERIO por Erika Kjellander.

        El embarazo y el puerperio son etapas muy fructíferas para el crecimiento personal. Es un periodo de la vida para aprovechar al máximo y resulta una ocasión especial para la transformación personal y la superación de nuestras asignaturas pendientes. Invertir en una psicoterapia en éstas etapas es especialmente importante, tanto para el progenitor como para el hijo, porque ejercemos de padres lo mejor que podemos según las vivencias en la propia infancia, nuestra historia personal y el nivel de conciencia que tenemos de nosotros mismos.

        En el enfoque gestáltico encontramos apoyo y acompañamiento para atravesar nuestra maternidad o paternidad con conciencia, presencia emocional y bienestar. El contacto profundo con nuestro bebé es una valiosa oportunidad para acceder a nuestro mundo interno. Los adultos aprendimos a desconectarnos de nosotros mismos, pero el bebé viene al mundo conectado con sus sensaciones y sus necesidades. Los padres podemos aprender mucho con nuestro bebé porque en la relación con el pequeño emergen emociones y salen a la luz vivencias de la propia infancia que necesitamos escuchar para crecer como personas.

        Resulta interesante comenzar un proceso terapéutico cuando empezamos a conectar con el deseo de ser madre o padre. Convertirnos en madre o en padre puede ser una vivencia profundamente empoderante y llevarnos por un camino satisfactorio de realización personal. No obstante, nos interesa saber si nuestras expectativas están basadas en una fantasía o en nuestras auténticas necesidades y deseos. Muchas personas seguimos fantaseando con una maternidad idealizada, romántica y perfecta que nos va a proporcionar felicidad y satisfacción constante. La realidad es que la maternidad puede resultar una vivencia transformadora y gratificante, pero al mismo tiempo es una gran responsabilidad. La maternidad no siempre es un camino de rosas, supone también una pérdida de libertad personal y de tiempo propio. Suele implicar dejar de realizar algunos de nuestros proyectos personales durante varios años, mientras cuidamos y atendemos generosamente a otro ser. También conviene revisar en terapia si nuestra relación de pareja es funcional y satisfactoria porque, la calidad de la relación entre los progenitores como pareja, influirá en el desarrollo del hijo.

        El embarazo es un tiempo de maduración del bebé y también un tiempo de preparación de los padres para hacernos cargo de la criatura y asumir nuestro nuevo papel. En la etapa del embarazo, la gestante y el feto son una constelación maternal, son uno y son dos a la vez, fusionados emocionalmente, en simbiosis. Es importante saber que ésta fusión madre-bebé, continúa después del parto. También es importante saber que las emociones que no encuentran un cauce consciente, se somatizan. Por el fenómeno de la fusión emocional, el bebé manifiesta todas las emociones, las suyas y también las nuestras, sobre todo las que los padres no reconocemos conscientemente. Por eso entendemos que reparar aspectos profundos de nuestra propia historia, es un trabajo de prevención para el bebé, porque inconscientemente transmitimos lo automático, que no siempre nutritivo, de generación en generación. Atender nuestras emociones e integrarlas con conciencia, resultará enormemente beneficioso para nosotros mismos y para nuestro bebé.

        Un parto siempre es una experiencia impactante. Cuando su ritmo es respetado con sensibilidad y tenemos la oportunidad de vivir activamente el proceso, es sentido como un potente logro transformador. La situación neurohormonal y de vulnerabilidad y apertura en la que nos hallamos durante el parto, nos hace especialmente sensibles al ambiente y al trato recibido. Cuando hemos tenido una experiencia intensa, necesitamos hablar de lo que nos pasó, poner conciencia, elaborar e integrar nuestra vivencia.

        El primer año de vida es considerado un periodo de embarazo extrauterino, una etapa caracterizada por la fusión emocional, que hemos comentado anteriormente, entre madre y bebé. En los mamíferos en general, las primeras horas posteriores al parto se considera un periodo crítico en el proceso de creación del vínculo entre progenitor y cría. Al comienzo de la vida se construyen la confianza básica y la capacidad de amar, a través de la íntima relación con la persona que realiza el maternaje. Lo que el bebé necesita es contacto, presencia y seguridad para que toda su energía quede disponible para el crecimiento. Las madres también necesitamos al bebé y nos sentimos mujer adulta y bebé simultáneamente. De manera natural recuperamos situaciones que nos conecta emocionalmente con etapas pre-verbales y emergen aspectos de la niña que fuimos. Este fenómeno facilita que sintonicemos con nuestro bebé, ayuda a descodificar las señales del bebé y adecuar nuestras respuestas a las necesidades del pequeño.

        Comprender los espacios emocionales que transitamos las madres y los padres durante el embarazo, el parto y la crianza de los hijos, es clave. Un padre también puede experimentar una crisis, sobre todo, como a veces ocurre, se ve con un rol indefinido y desenfocado. Es más probable que un padre decida comprometerse y vincularse si comprende que su papel es fundamental. La función paterna primero es de sostén emocional, entre el nacimiento y los dos años. Sostener la maternidad significa apoyar emocionalmente a la madre para que ella pueda sostener emocionalmente al bebé. Cuando el padre protege la díada y facilita la fusión madre-bebé, se fortalece el vínculo en la pareja. Y a medida que el bebé va creciendo, necesita cada vez más el contacto con su padre, que le da apoyo y seguridad para salir a explorar el mundo. En esta fase, los padres retoman un vínculo recíproco de apoyo entre ellos, y ambos sostienen la crianza del niño. Por eso es tan importante visibilizar al padre y su mundo emocional también, para que pueda atravesar las dificultades que surgen de una manera consciente.

        En una terapia vivencial como es la Gestalt, los padres podemos aprender a ser más conscientes y responsables de nuestra experiencia, para poder comunicarnos y acompañar a nuestros hijos de manera afectuosa y con una actitud respetuosa. Interiorizar una actitud parental que favorezca un desarrollo psicoafectivo sólido en el niño, no se consigue sólo a nivel intelectual, es decir, no basta con repetir una serie de recetas de comunicación. Una actitud no se aprende en un libro, una actitud se aprende en relación, en contacto. Los padres muchas veces nos encontramos con un entorno lleno de opinólogos y supuestos expertos que cuestionan nuestras formas de llevar la crianza de los hijos o nos indican cómo debemos hacer las cosas. La información que nos aportan los profesionales suele ser muy valiosa, nos da una referencia y puede servir para orientarnos, no obstante siempre es fundamental escuchar nuestras intuiciones y dar importancia a nuestras necesidades específicas. No hay una única manera de hacer las cosas y cualquier práctica, también la crianza respetuosa, hay que adaptarla a lo que conocemos de nosotros mismos, a nuestro ambiente y a nuestras diferentes situaciones vitales.

        En Gestalt se legitiman la escucha interna, las emociones y nuestra intuición. Se apoyan las expresiones instintivas de la maternidad para que recuperemos nuestra capacidad de contacto real con nuestras necesidades y poder sintonizarnos emocionalmente con las del bebé. Para vivir la maternidad y la paternidad con plenitud, es fundamental aceptar a la madre o al padre real que somos, de carne y hueso, para poder valorar lo que funciona satisfactoriamente y también poder reconocer nuestros límites y dificultades. La revolución hormonal, emocional y la experiencia de la crianza, es una oportunidad especial para un camino de apertura y de crecimiento personal.

        Cuando los padres contactamos con nuestras vivencias tempranas y tomamos conciencia de nuestras necesidades, también estaremos más sensibles y receptivos para percibir las necesidades del bebé, y por eso, según avance la terapia, la experiencia relacional que co-creamos los progenitores y el bebé irá siendo más empática, respetuosa y saludable. Cada persona decide si quiere vivir su proceso de maternidad o paternidad concientemente, indudablemente es un esfuerzo que merece la pena.

         

        Artículo elaborado Erika Kjallander.