Resistir las crisis como antídoto ante el desaliento

Resistir: nuestra fortaleza en tiempos difíciles

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En estos tiempos que nos toca vivir, inmersos en diferentes tipos de crisis, a veces de salud, a veces económicas y sin duda personales y sociales nos toca reinventarnos y aprovechar al máximo todas las oportunidades que tenemos de ponernos nuevamente en pie y seguir hacia adelante.
Con nuevos bríos y nuevos proyectos necesitamos recuperarnos y disminuir el desaliento que ciertas épocas, más difíciles en nuestras vidas, suelen instalar a veces en nosotros.

Valorar lo que tenemos y agradecer, suelen ser potentes antídotos para atravesar con éxito las crisis de todo tipo.

A veces estos sentimientos se vuelven difíciles de encontrar en nuestro día a día cotidiano, pero es entonces cuando el dejarnos acompañar por los demás, ayuda a sobrellevar los desafíos que tengamos por delante, aumentando nuestra resistencia ante las dificultades.

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    El control de la ira

    Problemas para controlar la ira

    La ira en sus múltiples variantes es una emoción que nos suele traer de cabeza. Cómo aprender a controlar la ira? Cómo transformar nuestra ira en asertividad? Cómo sabemos cuándo estamos siendo presas de un descontrol de nuestras respuestas de ira? No controlar la ira es ejercer violencia sobre los demás?

    Muchas veces nos sentimos a la defensiva o los demás nos dicen que estamos a la defensiva, que con nosotros no se puede hablar, que vamos como atajándonos de lo que nos dicen, que huimos de afrontar lo que nos corresponde o atacamos a los demás de forma desproporcionada, injusta y con reacciones de ira que luego dañan nuestras relaciones si no se pueden remontar o reparar.

    La historia de las defensas psicológicas y lo que tenemos que hacer con ellas es similar a lo que le ocurrió a aquel soldado del Ejército Imperial Japonés, que defendió posiciones de combate en una Isla de Filipinas y que estuvo luchando durante 30 años después de acabada la guerra, porque no se enteró que la guerra había terminado.

    En la jungla, se enfrentaba día a día con cientos de peligros, sobrevivía y se mantenía fiel en su posición de defensa y servicio a su patria.

    Cuando sus compañeros lo encontraron, lo reconocieron, lo trataron con mucho tacto y amabilidad, y tardaron un buen tiempo en convencerle de que todo había acabado.

    Cuando regresó a su país, lo recibieron con todos los honores, le agradecieron con numerosos actos y homenajes todo lo que había hecho en esos 30 años, lo premiaron por haber estado trabajando tanto en la defensa de su pueblo y de sus ciudadanos y finalmente le ayudaron a instalarse en una granja y a cambiar de ocupación.

    Se retiró entonces allí adonde se dedicó a entrenar a jóvenes en la supervivencia en zonas selváticas.

    Falta de control de la ira

    Las distintas defensas psicológicas que tenemos, nos defendieron durante los períodos más indefensos de nuestra vida y aún en el presente continúan luchando como si aquello no hubiera acabado y aún estuviéramos en peligro. El trabajo con ellas es reconocerlas, recuperarlas, agradecerles todo lo que han hecho por nosotros y buscar para ellas una nueva función integradas al resto de nuestra personalidad.

    Nuestras defensas nos han permitido sobrevivir, pero se han quedado ancladas al pasado, como el soldado japonés. Hay que actualizarlas, contarles que ese tiempo tan difícil ya pasó y que crecimos, que ahora somos adultos y contamos con muchos más recursos que en aquel entonces, que hemos conseguido avanzar y hacer nuestro camino a nuestra manera y que ya pueden descansar porque juntos podemos trabajar para que encuentren una nueva función en nuestra vida, de modo más apoyador y más adaptativo para nuestro desarrollo y crecimiento.

    La terapia psicológica es un espacio privilegiado para ello, adonde nuestro terapeuta nos acompañará a descubrir estos aspectos tan profundos en nosotros para de a poco irnos recuperando, descubrir que la guerra terminó, que estamos vivos y que podemos protegernos de modos más flexibles y adecuados, que no se repitan cada vez que nos sentimos asustados, acorralados o superados por lo que nos toca vivir.

    En la terapia psicológica, honramos a las defensas, como la reacción de ira, entre otras, que nos han permitido sobrevivir y reconociendo su gran labor y su valor, les invitamos a desarrollar otras funciones en nuestra forma de ser.

    Desarrollar la resiliencia

    Resiliencia: valorar lo que tenemos como antídoto ante el desaliento

    Nadie es ajeno a que ahora más que nunca es necesario poner en marcha todos nuestros recursos para desarrollar resiliencia, la capacidad de resistir y sobrevivir a condiciones adversas. ¿Cómo podemos entonces fortalecernos? ¿Cómo ajustar nuestras respuestas de forma resiliente? Y cómo puede la psicoterapia ayudarnos en este proceso.

    En épocas en que necesitamos mucho descanso para recuperar fuerzas, recuperarnos de preocupaciones de salud, familiares, laborales o personales, solemos plantearnos la necesidad de “desconectar”, como una especie de “olvido” de lo cotidiano y rutinario de esas preocupaciones, en cuanto a espacios, personas o actividades, como la forma óptima de recuperarnos. Es lo que nos impulsa a salir de casa, a viajar, juntarnos a celebrar con los amigos y con la familia.

    Ahora que tenemos nuevas condiciones en nuestra vida, que requieren que momentáneamente cambiemos algunos de nuestros hábitos, nos encontramos más solos. Es necesario entonces buscar nuevas formas cuando a veces no podemos movernos de nuestra casa o reunirnos con los demás como lo hacíamos siempre. Es muy importante ir encontrando nuevas fórmulas que nos permitan “resetearnos” de maneras diferentes en las nuevas condiciones que habitamos, aumentando nuestra resiliencia.

    Muchas veces, para disfrutar de nuestro tiempo libre, tenemos que apartarnos de lo cotidiano o crear un reducto especial, donde lo diferente nos permita desconectar del trabajo y las tareas que tenemos.

    Nuestro principal reto en estos tiempos puede ser conseguir estar más presentes, más conectados en cada momento que vivimos con las características que este tenga, aceptando así sus efectos y reconociendo que podemos aprender a estar mejor preparados para surfear los momentos más difíciles que a veces nos toca atravesar.

    La primera condición es darnos cuenta entonces que la vida implica todos sus matices emocionales y todos sus estados de ánimo, de las distintas circunstancias que atravesamos. Percatarnos de que las dificultades de nuestra existencia y las limitaciones que conlleva, puede poner en marcha en cada uno, actitudes nuevas que exploren nuevas formas de descansar, disfrutar, compartir y nutrirnos, es algo que resulta irremplazable en cualquier condición.

    Ahora que movernos, juntarnos y viajar está menos disponible, podemos echar mano a la creatividad para hacer aquello que más nos gusta, ahora que contamos con todo el tiempo necesario para desarrollarlo. A veces toca parar y cuidar a otros, a veces dejarnos cuidar, a veces despedirnos y dolernos por los que ya no están. En la vida, existen momentos difíciles donde el desaliento se nos instala a vivir muy cerca. Tenemos entonces la oportunidad de abrazar ese sentimiento de desesperanza y dejar que nos enseñe cómo seguir para adelante, un aprendizaje necesario para la vida. Para todo esto, iniciar un proceso psicoterapéutico puede ayudarnos a andar estos senderos acompañados.

    Resiliencia: nuestra fortaleza en tiempos adversos

    Y entre tanto la vida transcurre, podemos detenernos por ejemplo a observar aquello que hemos pasado por alto porque íbamos con tanta prisa y preocupación de un lado a otro y descubrir lo mágico que puede resultar por ejemplo, el poder mirar al atardecer el cielo con su luna, poder dejarnos sorprender con el exquisito olor a un café recién hecho o con sabor inigualable del pan crujiente recién cortado. Valorar que estamos sanos, que estamos vivos, que podemos andar, ver, escuchar, en momentos de desaliento puede ser la conexión que nos ayude a remontar y a seguir.

    Tenemos la oportunidad, la gran oportunidad de revalorizar lo que hemos dado tantas veces por sentado, sintiendo a veces agradecimiento, cuanto la tempestad afloja, cuando los grandes nubarrones parecen dar lugar al sol, cuando desde la oscuridad comienzan a perfilarse nuevas siluetas al amparo de una nueva luz.

    Valorando lo que tenemos, nos tocan tiempos de estar donde nunca nos habíamos imaginado, de sacar una fuerza interior que no sabíamos que teníamos, de dejarnos acompañar, de aprender, insistir, crear, intentar, fracasar, empezar de nuevo, reconstruir y compartir, una y otra vez hasta que atravesemos juntos una vez más una nueva adversidad. Que el desaliento no nos impida valorar aquello que somos, hacemos y tenemos.

    Problemas con la alimentación y cómo superarlos

    Los psicólogos atendemos frecuentemente a personas que tienen diversos problemas con la alimentación, problemas que van más allá de la comida en si, y ayudamos a salvar estas trabas con una atención personalizada para cada paciente. Existen muchos problemas diferentes en la conducta alimentaria, a veces son trastornos de la alimentación, y es importante identificar las dificultades específicas, recibir ayuda de un profesional especializado y conseguir los cambios que necesitamos para nuestro bienestar. Cuando miramos adentro, buscando el sentido del comer de más o comer de menos, podremos encontrar un equilibrio saludable en nuestra forma de relacionarnos con la comida, con los demás y con nosotros mismos.

    Los psicoterapeutas ayudan a poner conciencia sobre nuestra relación con la comida, para poder superar los viejos automatismos y costumbres alimenticias. Sabemos que cuando hay asuntos pendientes sin resolver, nuestra energía se atasca, provocando alteraciones en nuestro organismo, bloqueos y desequilibrio. Y es en terapia cuando podemos escuchar nuestras sensaciones, rescatando señales internas que teníamos olvidadas y recuperar conciencia corporal. Es necesario dedicarnos tiempo, respirar y conectar con las necesidades y lo que realmente queremos. En las sesiones psicoterapéuticas también exploramos nuestros patrones, ideas, creencias y valores, discerniendo cuáles nos sirven para cuidarnos y cuáles no, aprendiendo a nutrirnos desde la autorregulación y no desde el control.

    La alimentación es clave para nuestro equilibrio y conlleva mucho más que ingerir comida. En Psicología entendemos que nuestra manera de comer es una expresión más de nuestras actitudes, cómo nos sentimos con nosotros mismos, interactuamos con el entorno y gestionamos nuestros afectos. Encontramos paralelismos interesantes entre la manera de alimentarnos, nuestra forma de vivir y regular las emociones. Nos damos cuenta que una alimentación consciente puede tener beneficios significantes para nuestra salud.

    Resulta interesante observar cómo preparamos los alimentos y nuestro modo de comer y digerir. ¿Estamos atentos al momento, saboreando, respirando, sintiendo el placer y la satisfacción? ¿Estamos presentes en la experiencia, poniendo todos nuestros sentidos en disfrutar del sabor de cada bocado, aspirando sus aromas, observando los colores y las texturas, incluso prestando atención a los sonidos al comer y beber? O al contrario, ¿nuestro ritmo nos lleva a zampar con prisas, devorando lo primero que tenemos a mano, apenas registrando lo que nos metemos en la boca? Quizá sintamos un vacío que no acaba de llenarse con nada y este tragar rápido, sin masticar, tiene que ver con nuestros hábitos y modos de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y nuestras necesidades. Y descubrimos que no siempre es hambre de comida… sino de otra cosa.

    Las peleas con la comida y el peso, quizá sean síntomas de problemas más profundos. Bajo muchas formas de comer hay un componente emocional importante. O engullimos compulsivamente como una forma de tapar el vacío emocional, en un intento de satisfacer nuestras necesidades afectivas, o controlamos la comida que ingerimos de forma obsesiva, algo que sí dominamos, y no queremos ver el problema central. Muchas veces recurrimos a la comida como una anestesia o la utilizamos para paliar la soledad. Frecuentemente nos cuesta diferenciar si lo que sentimos es hambre fisiológica o son otras emociones expresándose en nuestro organismo. Sentimos ansiedad, estrés o aburrimiento. Nos sentimos vulnerables y tenemos miedo a la intimidad o al dolor, y comemos. Sentimos hambre psicológica, y comemos, no para nutrir el cuerpo, sino para calmarnos, animarnos o distraernos en un intento de regular las emociones que nos resultan desagradables. Es un comer emocional y muchas veces no tenemos conciencia de este funcionamiento tipo piloto automático. Quizá nos falta comprensión o reconocimiento, y tratamos de sustituir al amor con los dulces, pero tenemos sentimientos de culpa cuando comemos de más y nos castigamos poniéndonos a dieta.

    Muchas veces nos falta confianza, y la atención a las señales internas de hambre, plenitud y satisfacción se deja de lado. La industria y la publicidad se aprovechan de nuestros sentimientos de inseguridad y culpabilidad. Escuchamos fuera lo que hay que comer y en qué momento, cayendo en las modas con respecto a las distintas teorías sobre cuántas veces al día debemos comer, o en la trampa de las dietas milagro, tragando lo de fuera y perdiendo nuestra conexión con nosotros mismos. Si sólo escuchamos la información externa, nos confundimos y desconectamos del cuerpo y sus necesidades específicas para nuestro buen funcionamiento.

    Necesitamos desarrollar una actitud de apertura a la experiencia, curiosidad y observar nuestras respuestas a los diferentes alimentos. De esta manera conectaremos con nuestro cuerpo y aprenderemos a leer las señales que nos envía. Lograremos escoger qué comemos y cuánto en base a indicadores internos, escuchando lo que nos pide el cuerpo en función de las circunstancias específicas del momento como el clima, la estación del año, y nuestras características individuales como la edad, el metabolismo y la actividad física. Decidiremos qué queremos comer, y en qué cantidad, preparando y deleitándonos con platos nutritivos y ricos que nos ayudan a sentirnos satisfechos. Rescatando nuestros sentidos y comiendo con todos ellos cuando tenemos hambre, y dejando de comer cuando ya estamos llenos.

    Es más fácil cuidarnos, cuando nuestro mundo está en orden. En el espacio terapéutico miramos la tristeza, soltamos el enfado y afrontamos nuestros miedos. La atención psicológica nos ayuda a desarrollar una sana autoestima para valorarnos tal y como somos, y este trabajo también se reflejará en nuestras elecciones de alimento y la atención que ponemos a lo que rodea el acto de comer. Cuando nos encontramos bien, fluimos a la hora de elegir lo que nuestro organismo necesita y resulta natural prescindir de lo que nos sienta mal. Nos resultará más fácil llevar una dieta equilibrada y saludable que aporte los nutrientes que nuestro organismo necesita, animándonos a experimentar en la cocina, probando recetas nuevas y eligiendo menos productos ultraprocesados, y más alimentos frescos de la tierra y preparados en casa.

    Hay otros modos de regular nuestras emociones para que la comida no sea la única manera de gestionar el estrés. Para vivir mejor, el autoconocimiento, también mediante la exploración de nuestros hábitos de alimentación, es un buen recurso para favorecer la salud mental y emocional. Es un camino más amable y compasivo en el que aprendemos a responsabilizarnos de nuestra salud y conectar con nuestra intuición. Conllevará una nueva relación con nosotros mismos y tendremos más energía. Nuestro cuerpo es sabio y conoce lo que necesita, sólo es cuestión de escucharlo y respetarlo, en todas sus necesidades, nutricionales y emocionales.

    Hansel y Gretel

    Hansel y gretel

    Trabajo psicoterapéutico con cuentos,

    siguiendo el trabajo de nuestra directora Ángeles Martín conjuntamente con Nurieta González Sebastiá ( http://www.cph-es.com), os compartimos otro artículo en el nos presentan el cuento de Hansel y Gretel y sus implicaciones terapéuticas.

    Esperemos os guste, este es el enlace

    https://cuentosguiondevida.blogspot.com/2019/05/hansel-y-gretel.html

     

     

     

    Ángeles Martín González

    angeles@escuelagestalt.es

    Nurieta González Sebastiá

    neta@cph-es.com

    Nurieta.gonzalez@hotmail.com

     

    Trabajo psicoterapéutico con los cuentos infantiles

    gestalt cuentos

    Los cuentos como guión de vida

     

    Nuestra directora Ángeles Martín conjuntamente con Nurieta González Sebastiá ( http://www.cph-es.com), llevan años profundizando en el uso terapéutico de los cuentos infantiles tradicionales. Para difundir este abordaje vamos a compartir una serie de artículos en los que explican este trabajo, esperamos os guste. Podéis leer el primero en el siguiente enlace:

    https://cuentosguiondevida.blogspot.com/2019/05/trabajos-psicoterapeutico-con-los.html

     

     

    CRECIMIENTO PERSONAL EN EL EMBARAZO Y PUERPERIO por Erika Kjellander.

    El embarazo y el puerperio son etapas muy fructíferas para el crecimiento personal. Es un periodo de la vida para aprovechar al máximo y resulta una ocasión especial para la transformación personal y la superación de nuestras asignaturas pendientes. Invertir en una psicoterapia en éstas etapas es especialmente importante, tanto para el progenitor como para el hijo, porque ejercemos de padres lo mejor que podemos según las vivencias en la propia infancia, nuestra historia personal y el nivel de conciencia que tenemos de nosotros mismos.

    En el enfoque gestáltico encontramos apoyo y acompañamiento para atravesar nuestra maternidad o paternidad con conciencia, presencia emocional y bienestar. El contacto profundo con nuestro bebé es una valiosa oportunidad para acceder a nuestro mundo interno. Los adultos aprendimos a desconectarnos de nosotros mismos, pero el bebé viene al mundo conectado con sus sensaciones y sus necesidades. Los padres podemos aprender mucho con nuestro bebé porque en la relación con el pequeño emergen emociones y salen a la luz vivencias de la propia infancia que necesitamos escuchar para crecer como personas.

    Resulta interesante comenzar un proceso terapéutico cuando empezamos a conectar con el deseo de ser madre o padre. Convertirnos en madre o en padre puede ser una vivencia profundamente empoderante y llevarnos por un camino satisfactorio de realización personal. No obstante, nos interesa saber si nuestras expectativas están basadas en una fantasía o en nuestras auténticas necesidades y deseos. Muchas personas seguimos fantaseando con una maternidad idealizada, romántica y perfecta que nos va a proporcionar felicidad y satisfacción constante. La realidad es que la maternidad puede resultar una vivencia transformadora y gratificante, pero al mismo tiempo es una gran responsabilidad. La maternidad no siempre es un camino de rosas, supone también una pérdida de libertad personal y de tiempo propio. Suele implicar dejar de realizar algunos de nuestros proyectos personales durante varios años, mientras cuidamos y atendemos generosamente a otro ser. También conviene revisar en terapia si nuestra relación de pareja es funcional y satisfactoria porque, la calidad de la relación entre los progenitores como pareja, influirá en el desarrollo del hijo.

    El embarazo es un tiempo de maduración del bebé y también un tiempo de preparación de los padres para hacernos cargo de la criatura y asumir nuestro nuevo papel. En la etapa del embarazo, la gestante y el feto son una constelación maternal, son uno y son dos a la vez, fusionados emocionalmente, en simbiosis. Es importante saber que ésta fusión madre-bebé, continúa después del parto. También es importante saber que las emociones que no encuentran un cauce consciente, se somatizan. Por el fenómeno de la fusión emocional, el bebé manifiesta todas las emociones, las suyas y también las nuestras, sobre todo las que los padres no reconocemos conscientemente. Por eso entendemos que reparar aspectos profundos de nuestra propia historia, es un trabajo de prevención para el bebé, porque inconscientemente transmitimos lo automático, que no siempre nutritivo, de generación en generación. Atender nuestras emociones e integrarlas con conciencia, resultará enormemente beneficioso para nosotros mismos y para nuestro bebé.

    Un parto siempre es una experiencia impactante. Cuando su ritmo es respetado con sensibilidad y tenemos la oportunidad de vivir activamente el proceso, es sentido como un potente logro transformador. La situación neurohormonal y de vulnerabilidad y apertura en la que nos hallamos durante el parto, nos hace especialmente sensibles al ambiente y al trato recibido. Cuando hemos tenido una experiencia intensa, necesitamos hablar de lo que nos pasó, poner conciencia, elaborar e integrar nuestra vivencia.

    El primer año de vida es considerado un periodo de embarazo extrauterino, una etapa caracterizada por la fusión emocional, que hemos comentado anteriormente, entre madre y bebé. En los mamíferos en general, las primeras horas posteriores al parto se considera un periodo crítico en el proceso de creación del vínculo entre progenitor y cría. Al comienzo de la vida se construyen la confianza básica y la capacidad de amar, a través de la íntima relación con la persona que realiza el maternaje. Lo que el bebé necesita es contacto, presencia y seguridad para que toda su energía quede disponible para el crecimiento. Las madres también necesitamos al bebé y nos sentimos mujer adulta y bebé simultáneamente. De manera natural recuperamos situaciones que nos conecta emocionalmente con etapas pre-verbales y emergen aspectos de la niña que fuimos. Este fenómeno facilita que sintonicemos con nuestro bebé, ayuda a descodificar las señales del bebé y adecuar nuestras respuestas a las necesidades del pequeño.

    Comprender los espacios emocionales que transitamos las madres y los padres durante el embarazo, el parto y la crianza de los hijos, es clave. Un padre también puede experimentar una crisis, sobre todo, como a veces ocurre, se ve con un rol indefinido y desenfocado. Es más probable que un padre decida comprometerse y vincularse si comprende que su papel es fundamental. La función paterna primero es de sostén emocional, entre el nacimiento y los dos años. Sostener la maternidad significa apoyar emocionalmente a la madre para que ella pueda sostener emocionalmente al bebé. Cuando el padre protege la díada y facilita la fusión madre-bebé, se fortalece el vínculo en la pareja. Y a medida que el bebé va creciendo, necesita cada vez más el contacto con su padre, que le da apoyo y seguridad para salir a explorar el mundo. En esta fase, los padres retoman un vínculo recíproco de apoyo entre ellos, y ambos sostienen la crianza del niño. Por eso es tan importante visibilizar al padre y su mundo emocional también, para que pueda atravesar las dificultades que surgen de una manera consciente.

    En una terapia vivencial como es la Gestalt, los padres podemos aprender a ser más conscientes y responsables de nuestra experiencia, para poder comunicarnos y acompañar a nuestros hijos de manera afectuosa y con una actitud respetuosa. Interiorizar una actitud parental que favorezca un desarrollo psicoafectivo sólido en el niño, no se consigue sólo a nivel intelectual, es decir, no basta con repetir una serie de recetas de comunicación. Una actitud no se aprende en un libro, una actitud se aprende en relación, en contacto. Los padres muchas veces nos encontramos con un entorno lleno de opinólogos y supuestos expertos que cuestionan nuestras formas de llevar la crianza de los hijos o nos indican cómo debemos hacer las cosas. La información que nos aportan los profesionales suele ser muy valiosa, nos da una referencia y puede servir para orientarnos, no obstante siempre es fundamental escuchar nuestras intuiciones y dar importancia a nuestras necesidades específicas. No hay una única manera de hacer las cosas y cualquier práctica, también la crianza respetuosa, hay que adaptarla a lo que conocemos de nosotros mismos, a nuestro ambiente y a nuestras diferentes situaciones vitales.

    En Gestalt se legitiman la escucha interna, las emociones y nuestra intuición. Se apoyan las expresiones instintivas de la maternidad para que recuperemos nuestra capacidad de contacto real con nuestras necesidades y poder sintonizarnos emocionalmente con las del bebé. Para vivir la maternidad y la paternidad con plenitud, es fundamental aceptar a la madre o al padre real que somos, de carne y hueso, para poder valorar lo que funciona satisfactoriamente y también poder reconocer nuestros límites y dificultades. La revolución hormonal, emocional y la experiencia de la crianza, es una oportunidad especial para un camino de apertura y de crecimiento personal.

    Cuando los padres contactamos con nuestras vivencias tempranas y tomamos conciencia de nuestras necesidades, también estaremos más sensibles y receptivos para percibir las necesidades del bebé, y por eso, según avance la terapia, la experiencia relacional que co-creamos los progenitores y el bebé irá siendo más empática, respetuosa y saludable. Cada persona decide si quiere vivir su proceso de maternidad o paternidad concientemente, indudablemente es un esfuerzo que merece la pena.

     

    Artículo elaborado Erika Kjallander.

     

    ¿Buscando Terapia? ¿ Qué es la Terapia Gestalt?

    ¿Qué es la Terapia Gestalt?

     

    Muchas veces acuden a Instituto de Psicoterapia Gestalt, personas que han realizado otros recorridos en terapia desde otros enfoques terapéuticos por ejemplo, psicoanálisis o terapia cognitivo conductual y recurren a la Gestalt, porque buscan profundizar sobre todo en aspectos más emocionales o porque quieren centrarse más en dificultades que surgen en su presente. Cada enfoque es valioso y aporta sus beneficios a la terapia. Veamos cuales son con respecto a la Terapia Gestalt.

     

    1. La relación entre paciente y terapeuta si bien es asimétrica, se desarrolla en un plano de horizontalidad que permite la confianza, y en un marco de mucho cuidado y respeto, permite a cada uno ir desarrollando un espacio seguro que permita ir atendiendo aquellas dificultades que hacen figura dentro del fondo que es cada ser humano.

     

    1. Se atiende a lo que cada uno trae consigo en cada momento, aquello que se hace presente. Es la persona quien a través de un relato, una sensación, un dolor, un sueño, o hasta incluso a veces un silencio puede irse dando cuenta de cuál es su forma de estar y de ser, a modo de ampliar la comprensión y la luz sobre aquellas cosas que le suceden y de las que poco a poco puede ir tomando responsabilidad, dejando de pensar que el mundo o los demás tienen la culpa de lo que sucede.

     

     

    1. A raíz de lo anterior, la Gestalt propone coger las riendas de la propia vida al trabajar en la dirección de hacernos responsables de lo que vamos forjando con nuestras acciones, actitudes y modos de ver lo que nos ocurre, recuperando poco a poco el poder personal de cambiar aquello que necesitamos para sentirnos mejor.

     

    1. Se trabajan tanto las problemáticas relacionadas con el carácter y las distintas formas de ser, así como las dificultades relacionales con los demás y también las que suceden dentro del mundo interno, produciendo tendencias contradictorias en esto que todos vivimos en algún momento, de querer ir en una dirección y avanzar hacia otra.

     

     

    1. A veces lo que nos ocurre, no se puede expresar en palabras. La terapia Gestalt cuenta con ello y puede llevarnos a ponerle palabras a lo que nos ocurre o bien trabajar sólo con sensaciones y emociones sin que haga falta decir nada más. No todo pasa por lo verbal, por eso utiliza mucho el cuerpo, mediante gestos, actitudes, movimientos y también el lenguaje de las sensaciones y las emociones que cubren un aspecto más amplio sobre lo que nos sucede, brindando más elementos para comprender lo que nos pasa.

     

    1. El trabajo se puede hacer en forma individual y/o grupal de acuerdo a las necesidades de cada uno.

     

     

    Para que puedas informarte puedes realizar una entrevista gratuita en nuestro centro con nuestra Directora,  Ángeles Martín, pionera y principal referente de la Gestalt en España, que lleva más de 40 años trabajando y que siempre con su buen criterio te recomendará un especialista de nuestro centro de acuerdo a lo que busques y necesites.

     

    Sandra Isella

    ¿ Por qué hacer Mindfulness enfoque Gestalt? Primera Parte

    mINDFULNESS gESTALT

    Esta es una pregunta que muchas veces antes me hacen antes de empezar el curso. ¿ Por qué elegir esta formación antes que otras propuestas? Voy a intentar en este texto explicar en que consiste este curso.

    Muchas veces en la primera sesión del curso suelo explicar que me di cuanta que necesitaba Mindfulness antes de saber que existía. Hace ya casi 20 años empecé a realizar meditación zen, una práctica maravillosa con la que empecé a conocer la quietud, la respiración, el aqui y ahora… Por aquel entonces trabajaba en dispositivos de intervención social vinculados a servicios sociales, por lo que trabajaba con personas en graves situaciones de crisis y con fuertes sufrimientos. Muchas veces pensaba como poder acercar aquella experiencia que yo tenía a través del budismo Zen a estas personas. Era difícil, la práctica zen en un inicio requiere una gran voluntad, es difícil,  en ese momento yo tenía un deseo de fondo para sustentar es práctica, pero que era difícil hacer llegar a personas con otros intereses y circunstancias personales.

    Por aquel entonces mientras yo me planteaba esto había personas investigando justamente esto, como hacer llegar la esencia de estas experiencias meditativas a personas que necesitan determinas herramientas que  permitieran lidiar de otra forma con el estrés, el sufrimiento, la ansiedad de una forma más accesible.

    De ahí surge mi interés por Mindfulness, me empece a formar no ya sólo, en la practicas meditativas clásicas como zen, vipassana, vedanta advaita sino también con formaciones especificas de Mindfulness y sus aplicacaciones psicológicas y clínicas. Y que quede claro que esta mayor accesibilidad del Mindfulness frente a otras formas meditativas no la hace menos sino simplemente diferente, esto lo abordaremos en profundidad durante el curso.

    Este es el origen de mi interés por Mindfulness y mis casi ya 10 años impartiendo esta formación por la que han pasado centenares de personas.

    Por lo tanto, el objetivo central del curso es como transmitir una práctica accesible para todo el mundo que nos permita vivir con mayor bienestar, contacto, conciencia y relacionarnos con menor sufrimiento con los aspecto más dolorosos de la vida.

    También el curso es muy interesante para psicólogos, terapeutas, educadores, profesores y demás personas que trabajan en profesiones de ayuda ya que aprenderemos durante el curso a como poder acompañar a las personas con las que trabajamos de una forma más consciente a la vez que cuidándonos cono profesionales.

    En el curso integro la práctica de Mindfulness con diversos aspectos que he ido aprendiendo en mi tarea de psicoterapeuta y como formador de terapeutas Gestalt, mezclando ambos enfoques, quedándome con lo más valioso de cada uno.

    La semana que viene os contaré mucho más acerca de porque creo que este curso es especial, en que se diferencia del resto y por que  puede ser muy valioso para cualquier persona tenga ya experiencia previa o no.

    Gracias por leerme,

    un fuerte abrazo

    Nacho Martín

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    Curso Mindfulness