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Estrés, lo sufres? Te ayudamos

Un toque de atención en nuestro “despertar… hacia el bienestar”

El estrés en sí mismo, no es malo. Es más, algo de estrés en ocasiones es necesario. Sentir cierto estrés en algunos momentos hace que de nosotros salga la respuesta más adaptativa a una situación que vivimos como estresante.

Por poner algún ejemplo, ¿quién no ha sentido cierto estrés cuando ha tenido que entregar algo en un plazo determinado y ve que, por diferentes circunstancias, el tiempo se le echa encima y tiene que organizarse y dar respuesta a esa situación? Hace que lleguemos a nuestros objetivos, que los alcancemos. El ser humano busca mantener el equilibrio en relación con su ambiente.

Nadie es una víctima pasiva ante el estrés. “Pequeños y grandes”, no estamos exentos de sentir el desequilibrio en el ambiente en un momento determinado. El estrés y lo que se origina con él, es la respuesta adaptativa más universal. Nos dispone para poder encontrar las salidas a modo de supervivencia. Nuestro cuerpo y nuestra psique se disponen a dar esas respuestas fisiológicas y psicológicas, y cómo no, también conductuales…

¿Cuándo se nos cuela el estrés en nuestra vida cotidiana y comienza a ser problemático?

Cuando no es escuchado, y/o cuando no obtiene la respuesta para ser satisfecho en sus necesidades…aquí puede comenzar todo un ciclo de malestar que puede llegar a alcanzar diferentes sintomatologías hasta cronificarse. Las causas pueden ser externas, pueden provenir del trabajo, de la familia, del estudio, de nuestras relaciones interpersonales; o pueden venir por nuestra propia forma de ser, que se queda bloqueada en ese momento, que se queda sin respuestas ante ese acontecimiento amenazante, y sentimos que no podemos enfrentar la situación y no la atravesamos. Del mismo modo que aparece, también repercute en diferentes áreas de nuestra existencia, tales como en nuestra vida familiar, de pareja, en el rendimiento formativo, en el laboral, en definitiva, en nuestra vida personal y social.

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Las señales más comunes por la afectación del estrés en el cuerpo, en el estado de ánimo y el comportamiento son: sensación de fatiga, dolores de cabeza, cambios en el apetito sexual, malestar estomacal, tensión o dolores musculares, problemas en el sueño, enfermedad psicosomática…; falta de concentración, desmotivación, ansiedad, agitación, sensación de agobio, irritabilidad, ira, irascibilidad, tristeza, depresión…; comer en exceso, o comer poco; tener arranques de ira, abusar de alcohol, u otras sustancias; retraernos socialmente, tener conductas evitativas de afrontamiento del estrés, hacer menos ejercicio, en definitiva, descuidarse…

Es importante escucharnos, y no dejar a la deriva las señales que nos lanza el estrés a modo de malestar; aunque nos haga pasar malos momentos, es un centinela, un aliado que nos puede guiar, en ese despertar para alcanzar el equilibrio en nuestro bienestar.

Desde la psicoterapia podemos acompañarte en la prevención y la afección causada por el estrés. Por todo ello, es importante que te tomes tu tiempo para que desarrolles habilidades que te ayuden en las reacciones perjudiciales que estás teniendo. Puedes aprender a manejarte con él a través de tu propio fortalecimiento, potenciando el conocimiento en ti misma o en ti mismo; de igual manera puedes potenciar tus habilidades, intereses; y puedes también fortalecer tus debilidades, atendiendo lo que te hace vulnerable y así dar respuesta a tus verdaderas necesidades.

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